jueves, 4 de septiembre de 2014

unidades de un tiempo expansivo...

Escribir es el don de habitar otros tiempos y viajar a través de dimensiones paralelas, sin perderse en el vacío de los territorios de la imaginación, de ahí su esfuerzo. Es un tiempo expansivo, que puede llevar y traer pensamientos como si todo concurriese en un mismo presente, al mismo tiempo que detiene el sendero de nuestro futuro bajo un cifrado horizonte de interpretación. Las letras dan cuenta de nuestro peculiar modo ser humanos: sentir, pensar, hablar y escribir. Ser una voz que puede ser nombrada como propia. Una palabra que puede permanecer a través de un universo en el que nada permanece quieto ni por un instante.


"Las nubes 
señalan 
con sus mutaciones leves
el tiempo,
o lo detienen
ante nuestro asombro."
Alaíde Foppa (fragmento)


Las frecuencias que conforman el medio ambiente dan lugar a distintas e independientes realidades. Estos son los tiempos compartidos por todos (más allá de la "hermeneútica"), a partir de los cuales, cada experiencia que tenemos se cifra, ahora sí, bajo nuestra interpretación propia. En la unidad de tiempo que se expande gracias a nuestro actuar. Un pensamiento, una palabra, un solo gesto, conforman un acto de nuestra voluntad, e implican un tiempo cifrado desde coordenadas sincrónicas

Si pudiéramos medir tales sincronías de nuestro pensamiento, cuál sería la unidad de medida que tendríamos que ocupar. ¿Sería algo parecido al aire, al vapor, al calor, al agua? ¿sería un rayo, un trueno o un temblor? ¿Seríamos tormenta o la brisa de un cálido día de sol? ¿Cuál es la nube a través de la cual logramos observar las mutaciones leves con que nuestras experiencias van dotando de relatos nuestra historia de vida? O quizá lo que estamos buscando es una proporción temporal de medida que pueda ser observada en una escala de líquidos a sólidos. Un etéreo habitar. ¿Cuál es ese resquicio de la materia que marca la frontera entre sus componentes? Frontera similar a la fractura que denota el sitio de toda hermeneútica posible. Ese lugar en el cual habita nuestro pensamiento y se guarda el misterio de nuestro cerebro.


Y tú... ¿piensas a colores o en blanco y negro?



Un abrazo de nube queridas tortugas...

¿cómo saber si es verdad?

Como nube de tormenta llegan las dudas que albergan los caparazones de tortuga cuyas certezas se evaporan.

Cada tortuga habita, al menos, una tristeza, una gran dicha, una sonrisa, una lágrima, un amor, un odio, un agradecimiento, un rencor, un secreto, una verdad, un hábito ético, una sana costumbre, una perversión, una virtud, una creencia, una palabra propia, un sueño, una meta, una realización, un fracaso, una fantasía, una realidad, un poema, una canción, un grito, un enojo, una amistad, una desavenencia, una fobia, una gallardía, un temor, un vicio, un imposible, un recuerdo, una vergüenza, un orgullo, un acto generoso, un deseo, un gesto egoísta, un mal humor, un buen ánimo, una esperanza, una decepción, un designio, un don, un defecto, una mentira, una agresión, un abuso, una responsabilidad, un deber, una obligación, un descanso, un delirio, una duda, una certeza y un espacio de paz.

Y cuando dos tortugas enamoradas se encuentran, todo lo que era uno se vuelve dos. El inmenso infinito de combinaciones posibles hace de toda historia de amor algo único e irrepetible. Quizá de ahí que existan tantos relatos, películas, poemas, novelas que tratan de atrapar tales sincronías como un evento que podemos controlar y reiterar de acuerdo con nuestro deseo. Lo cierto es que tal deseo, el aliento amoroso, es completamente libre y aleatorio. Y sumar dos voluntades en tal esfuerzo es una tarea casi titánica, un compromiso ineludible, una entrega generosa. Por eso, la magia de esta duplicidad esconde secretos que solo cada pareja conoce en el seno más profundo de su intimidad. Y, a veces, nuestro sueño nos arroja lejos y nos niega ser capaces de ser dos.

En lugar de confianza se siembra el recelo y la duda. En vez de verdades, nos sumergimos en simulacros. Sin lograr comunicarnos, sin sentir la caricia que anhelamos, un extraño aparece ante nosotros y nos cuesta distinguir quién es la persona con quien no logramos congeniar. Ese desconocido que evade nuestra mirada, oculta secretos y esconde la vida que vive a pleno sol de día y ante los ojos de todos las miradas. Esa persona que nunca nos invita a su casa y que siempre que nos visita nos recuerda que no somos parte de su vida. Un sueño itinerante. Una fantasía no correspondida. Un fantasma. El tenue suspiro de una amistad entre líneas y llena de restricciones. Una puerta cerrada. Un mundo que jamás podremos explorar. Una vida otra que nos quita todo lo que somos y nunca vuelve cuando lo estamos esperando. El inmenso vacío de alguien que pasa por nuestra vida como si no existiéramos o como si lo que somos no tuviese valor alguno. Un nombre sin rostro, un rostro sin historia. Un espacio en el cual no hay nada que cosechar, que no nos da tiempo para sembrar. Una entrega a medias, sin compromiso. El amor no puede habitar tales lugares precarios y lejanos. El amor necesita dos voluntades. Dos espacios vitales que se abren por completo a la posibilidad de ser un corazón compuesto por dos almas de tortuga.

Si esa persona que amas... siempre está lejos, quizá sea porque ella no te ama a ti. 


Y tú... ¿cómo sabes si tu sueño de amor es correspondido?



FELIZ SEPTIEMBRE


lunes, 21 de julio de 2014

soñar y construir...

La esperanza tiene la cualidad de alimentarse de sueños... planes, fantasías, proyectos: del don de la idealidad.

De otra forma, nada puede sostener el aliento de llegar a la meta que nuestro plan de ruta ha trazado, cualquiera que sea ésta. Muchas veces se piensa que lo que nos alienta de ocuparnos en la realización de tales planes es el estar ocupado en el presente. Tener una rutina, establecernos límites, un horario fijo, la disciplina en sí, como la panacea del bienestar o el elíxir del logro vital cotidiano. En este paradigma radica la noción preciada del éxito: el logro que nace del esfuerzo de ponerse metas a uno mismo, junto con la consecución de los fines inmediatos de cada día que sumarán el objetivo trazado.

Ahora, esto es relativo. A medida que crecemos y maduramos, descubrimos que tal rutina puede ser tan diversa como las propias circunstancias del tiempo nos lo impongan. El estar ocupado puede vivirse de muchas maneras. La disciplina también. Lo que en realidad permanece es la perseverancia de nuestros días que, inevitablemente, tendrán la consecución de algún tipo de patrón que nos permita sujetarnos en el cotidiano vital. De este modo, tal estar ocupado no es suficiente para sostener nuestra esperanza.

El valor del sueño en sí mismo y la sola posibilidad de su realización son una contención más poderosa para dar sentido y orientación a nuestra existencia. El ideal bajo el cual diseñamos nuestros modos de vida, nuestros valores, acompañados de la posibilidad de visualizar de más de una forma posible todo aquello que queremos construir, es el sino propio de la esperanza. Esta es la razón del bienestar de tales rutinas, no el simple hecho de autodomesticarnos para no perdernos en la aleatoriedad de las temporalidades. Más bien, la posibilidad de alimentar el presente de un futuro abierto que se nos aparece como el lienzo mágico de todo lo que dota de motivos nuestro presente. 

Se privilegia el dotarnos de estructura para tener coordenadas acequibles con las cuales estar y movernos en el mundo, como si pudiéramos escapar a las certezas del presente que por sí mismas permanecen. Sin tomar en cuenta que el pasar de las horas de contemplación, durante el cual imaginamos cómo será la obra que construimos bajo el sello de nuestra identidad, cualquiera que sea ésta, es una actividad en sí misma; e implica la misma disciplina que cualquier actividad que forme parte de nuestra vida. Descuidar tales labores es igual que descuidar el aseo doméstico y descubrir un día que los rincones de nuestro hogar están empolvados. Conforme pasa el tiempo, cada vez es más difícil empezar a limpiar a fondo tales rincones. Así, conforme dejamos pasar los días sin dibujar el lienzo de nuestro futuro, cada vez es más difícil visualizar el sendero de nuestra esperanza. Y por ende, perdemos la capacidad de soñar.

Se confunde el hecho de que sea difícil volver realidad aquello que delineamos en nuestro horizonte mental; con base en que el solo idealizar y verbalizar consume toda nuestra energía y nos distrae del actuar y del llevar a cabo el hábito necesario para construir; con el hecho de que mantenernos ocupados es suficiente para darle sentido y valor a nuestra vitalidad. Por el contrario, enajenarnos en nuestro hacer cotidiano es una forma de olvido de nosotros mismos y no, porque el consenso sea mayoritario, somos mejores por apegarnos a nuestra actividad. Pues sin horizonte, tal actividad pierde todo sentido. De ahí que la falta de proyección de futuro, a la que nos condena nuestro imaginario económico en aras de una precaria modernidad, sea un desamparo que solo anida depresión, neurosis, fobias, angustias, desencanto, frustración, violencias... 


Y tú... ¿te ocupas en tus sueños o idealizas el mantenerte ocupado?



Feliz inicio de semana queridas tortugas.



domingo, 20 de julio de 2014

domingo al amanecer...

Escuchando la discusión de honorables senadoras y senadores, comparto temores y entusiasmo, de quienes en contra y a favor, establecen sus posturas ante los riesgos y ventajas de los cambios por venir. Una parte de mí se llena de fe y confía en la buena voluntad humana, para confiar en que una vez concluidos estos procesos, y ya promulgadas las leyes en ciernes, todos, por igual, recibamos los beneficios de estos profundos cambios. De tal modo que, juntos, encontremos soluciones constructivas para erradicar los vicios que de este nuevo orden legal se deriven.

Es motivo de alegría que, a pesar de los desencuentros y de la desventaja en el número de votos que componen las voces críticas y opositoras, podamos escuchar reconocimiento y posturas afines, aun en las disidencias. Esto es una señal de crecimiento político. Doy gracias por este regalo de esperanza, que necesita acrecentarse con el fin de aprender a dialogar, más allá de las posturas contrapuestas, y lograr verdaderos consensos.

Confieso que envidio profundamente el trabajo a cargo del Senado de la República y me deleito de ver la historia ocurrir. Admiro profundamente a las mujeres que forman parte del pleno. Su esfuerzo da cuenta de que, en materia de género, no solo, no todo está perdido, sino que, por el contrario, hay muestras tangibles de que hemos dado inmensos pasos. Pasos, que a la luz de todo lo que aún nos falta, son imperceptibles. Sin embargo, en esa invisibilidad radica su gran mérito, pues son mujeres que para estar ahí, alzar su voz y hablar entre pares, han luchado no sólo por el ejercicio de sus propios derechos sino que van abriendo brechas para que las generaciones que las suceden podamos crecer en terrenos más fértiles que los que ellas conocieron. Gracias.

Estoy convencida de que debería ser una prioridad de orden moral y cívico el hábito de ver y escuchar el canal del Congreso. Nos permitiría ser más críticos, estar más informados y abrir interrogantes a temas que nos incumben, para buscar más información por nuestra parte. Tener la costumbre de discutir sobre las sesiones, como cuando compartimos nuestras opiniones sobre el fútbol o sobre cualquier otra materia con la cual nos sintamos identificados. Ganaríamos mucho para el ejercicio de nuestra propia democracia. Con independencia de nuestras preferencias políticas, tendríamos más interrogantes sobre porqué pensamos como pensamos y porqué estamos convencidos de que un partido es mejor que otro, o que las propuestas de unos son mejores que las de otros. Veríamos a los políticos como seres humanos, iguales a nosotros, con matices, con virtudes y defectos, sin importar su filiación política. Aportaríamos a los partidos, militantes despiertos dispuestos a participar de las decisiones que es obligación de los representantes tomar y que, no por ello, debemos delegar toda la responsabilidad en sus manos, pues nuestro voto les otorgó tales obligaciones. Por lo que también descubriríamos la importancia de razonar nuestro voto cuando asistimos a las urnas, así como, el alcance de las consecuencias de los resultados (de los cuales somos parte). Ganen o pierdan nuestros candidatos y candidatas, una vez en sus puestos, su gestión es una cuestión de interés común, social y comunitario. Al margen de las rupturas ideológicas, el objetivo de la política es construir juntos la realidad de nuestro país.


Y tú... ¿conoces las virtudes de la política?


Hasta hoy más tarde por la mañana.
Feliz domingo, tortugas ciudadanas. 


Y más felices seríamos todos, si la mayoría que conforma la distribución del poder en el Senado, se solidarizara con algunas de las reservas de la minoría y sumara propuestas para enriquecer los dictámenes. De tal suerte, el nuevo orden de leyes estará nutrido de todas las voces que nos conforman como República. Pues siempre hay una mejor manera de lograr los mismos fines. Pero esto, mis queridas tortugas, es todavía una gran asignatura pendiente para el futuro. No cabe duda que nuestra patria aún puede crecer. Pero seamos humildes, demos un paso a la vez y confiemos en que, quienes hoy son mayoría, sabrán asumir con responsabilidad los costos de la decisión que hoy toman y con valentía darán el mejor curso a nuestros nuevos propósitos. Del mismo modo, quienes hoy son minoría, necesitan dar cuenta de trascenderse a sí mismos y sumarse a este propósito desde el horizonte de la acción crítica, constructiva y responsable. Y felicito su esfuerzo por defender nuestros derechos humanos. Gracias. Lo que no podemos es evadir la realidad que ya está aquí... y ante lo inevitable... el reto es crecer y descubrir las bondades y las enseñanzas que el curso de los acontecimientos nos ofrecen. Incentivar odio en el seno de la ciudadanía, entre los colores partidistas, no es una vía ética. Pues tal escenario niega el esfuerzo y el logro de millones de mexicanas y mexicanos que cada día forjamos nuestra institucionalidad. No cabe duda de que el verdadero trabajo institucional, político, técnico y social está apenas por comenzar. Necesitamos sumar porque todos seremos protagonistas del alcance de las virtudes y abusos de los tiempos por venir. Sin fatalismos y con precaución, prepararnos para los nuevos retos que vamos a afrontar.

Ahora sí me despido para seguir aprendiendo de la noble labor del canal del Congreso. Gracias.


Orgullosamente mexicana.
Filósofa enamorada de la política, comprometida con los derechos humanos y maestra en políticas públicas convencida de que la riqueza de los dos paradigmas socio-económicos, que han cifrado nuestro tiempo, podrá ver nacer un nuevo paradigma: que sume los mejores ideales de ambas partes en una realidad; en donde, una vez cumplido el ideal, podamos voltear la mirada al presente posible y esto nos permita descansar de prometernos para mañana la vida feliz que nos ha negado el ayer.


oídos sordos...

Toc toc... toc toc... ¿quién está ahí? ¿por qué no respondes?


De tortuga a tortuga hermana, te pregunto: ¿crees que una solución es interrumpir el diálogo entre nosotras? ¿sin siquiera poder expresar con generosidad cuáles son tus motivos? -le dijo la tortuga del mar a la tortuga de la tierra.

La tortuga terrestre contestó:                                            . Y ni una sola voz se escuchó.

Entonces, la tortuga celestial suspiró: "Hermanas tortugas, no vengan a mí para que las ayude a escucharse una a la otra, estoy tan lejos que mis oídos no alcanzan a escuchar cuál es el motivo de su incomprensión, solo puedo enseñarles el horizonte del cielo e invitarlas a descubrir cuán inmensos son los territorios que las unen, por eso son hermanas, por eso somos hermanas: pues compartimos el oxígeno de un mismo planeta y sin él ninguna podría habitar en su elemento."

La tortuga marina volvió a tocar la puerta de la tortuga terrestre... y ésta contestó: "Dime hermana de mar, ¿qué es lo que te inquieta tanto del ir y venir de la marea?" y la respuesta fue: "Que cada vez que baja, pierdo un pedazo de ti".

...Pero aunque nos distancie el ritmo de la marea, no debes sentir que nunca volveremos a encontrarnos, es solo que yo no puedo ir al mar, yo solo puedo acompañarte desde mi habitar en campos y montañas, y aunque tú puedas acercarte un poco a mi elemento, en realidad, tu felicidad está lejos de la marea, en alta mar, en donde la calma de las aguas te permite fluir libre junto a los delfines. No creas que no te respondo, o que no te escucho, es solo que cuando baja la marea mi voz no se escucha en el mar.- Y éstas fueron las palabras de paz de la tortuga terrestre.

Así, cielo, mar y tierra respiran el mismo oxígeno, sin alcanzarse entre sí, pues en eso radica su naturaleza, en perseverar en la forma de su ser para que todos podamos respirar.


Y tú... ¿amas libre en el mar?



Abrazo de cielo, tierra y mar... 
hermanas tortugas para que 
sin poder el cielo alcanzar y 
sin que tierra firme 
puedan conservar... 
se aventuren a un alto amar.

FELIZ NOCHE
DE LLUVIA
...es ella 
con su fuerza de tormenta 
la única
que a todos nos toca 
por igual...






viernes, 18 de julio de 2014

espacios por compartir...

Aprender a vivir solos es una aventura de vida. No siempre elegida, a veces circunstancial o temporal y, otras veces, un modo de vida en sí mismo.

Como toda aventura, tiene encantos y desencantos. Y es una experiencia que se vive por etapas. Al principio puede suscitar temores o puede ser motivo de gran entusiasmo. Pero en cualquier caso es un gran paso de vida. Concentrémonos en el entusiasmo, el cual suele ir acompañado de mi primer comedor, mi primer refrigerador, mis primeros platos, mis primeros vasos; sean objetos nuevos, regalos o herencias, empieza una conciencia de nuestra identidad a partir de nuestro espacio vital, en el cual queremos cifrar algunos de nuestros sueños. La lámpara que siempre quise tener... y detalles tan simples, como las toallas del baño, toman una nueva realidad en nuestras vidas. O también puede ser la reapropiación de un espacio que dejó de ser compartido, dejó de ser el de la pareja, el de la familia, el de los hijos, el de los padres, en fin, cualquier situación bajo la cual pasamos de vivir con otra u otras personas a vivir solos.

Vivir solos es un proyecto de vida, cifrado bajo distintas circunstancias, y una vez que nos vemos inmersos en nuestro propio espacio: el primer extraño que descubrimos es nuestro silencio. Un silencio que solo es interrumpido por nuestros pensamientos, nuestra música, nuestra voz al teléfono, el acompañamiento de un televisor, el deleite de la lectura o la inspiración de la escritura (en mi caso) y, con ello, el descubrimiento de un sinnúmero de nuevas actividades que empezamos a recrear: el hábito por las plantas, por ejemplo. La vocación de algún arte. El compartir con los animales. Algún ejercicio, la meditación, tejer, cocinar, decorar, pintar, cantar. Procurar nuestro territorio de todo aquello que valoramos como bello. Algunas personas son más prácticas y no ocupan tanto tiempo a tales espacios, prefieren desenvolver este silencio fuera de casa, salir a correr, habitar la ciudad de tantas formas como ésta nos lo ofrezca. Hacer del hogar el resguardo del descanso tras las arduas jornadas laborales y vivir con más desapego su relación de identidad personal con su espacio de casa. Y hay quienes disfrutan haciendo de su hogar el lugar de reunión de los amigos, con las puertas abiertas y la invitación a que cada quien deje una huella de sí cifrada en nuestras paredes.

Dentro de los encantos... está la total independencia y libertad de ser. La única persona a la que podemos molestar es a nosotros mismos y también nace un nuevo respeto hacia nuestra intimidad e interioridad, en donde tampoco nos permitimos perturbarnos. No necesitamos guardar consideraciones de ningún tipo para usar el baño, la cocina, establecer nuestros hábitos de higiene, nuestro horario de sueño, somos el único sensor al ruido que nosotros mismos suscitamos. Podemos pintar las paredes del color que más nos guste, sin diálogo alguno. Darnos los espacios que necesitamos para desenvolver nuestras emociones. Sentir la paz de la existencia. Y al no tener testigos, aprendemos a reconocer nuestros sentimientos de un modo diferente. Descubrimos una nueva mirada al confrontarnos con el espejo. Pero cuando volteamos... no podemos escapar a la certeza de que estamos solos.

Y entonces, empiezan a aparecer los desencantos. La primera gripe en la que nadie nos trajo un té. El primer festejo en que no hubo un abrazo al amanecer. La primera feliz noticia con quien no pudimos sonreír. La primera pérdida con quien no pudimos llorar. La primera vez que el refrigerador se quedó vacío y nos faltaban las fuerzas para salir a la calle a proveernos de nuestras necesidades básicas. La risa en medio de una buena película que no pudimos compartir. La añoranza de aburrirse en compañía y romper la rutina. Y un sin número de eventos que empiezan a vaciar ese espacio vital que tanto hemos tratado de llenar de nosotros mismos. Una cena deliciosa y un suave vino que disfrutamos solos, con la nostalgia de poder mirar otros ojos y cansados de nuestra mirada en el espejo. Y nace un nuevo extrañamiento de nosotros mismos. Nos invaden nuevos y añejos desamparos. Acompañados del cansancio de vivir entre nuestros pensamientos sin otra voz que nos acreciente, nos refute, nos enseñe, nos comparta. El inmenso vacío de la plenitud del yo.

Al descubrir las dos caras de esta moneda, nacemos a una nueva decisión. En concordancia, con que en cualquier momento un evento aleatorio puede irrumpir y abrir los caminos hacia nuevas convivencias, tenemos la posibilidad de elegir cómo lidiar con el estar llenos y el estar vacíos en nuestro propio espacio. Y apenas en este instante, es cuando empezamos a aprender a vivir solos, es aquí cuando la verdadera aventura comienza. Cuando el entusiasmo y la novedad se agotaron, cuando la profundidad de nuestra soledad llegó al fondo de sus posibilidades. Y en este pasaje de vida, descubrimos una de las más bellas certezas que un ser humano puede experimentar: compartir es la recompensa última de cifrar nuestra identidad personal. Comprometernos con otros seres humanos es lo que da sentido a nuestra independencia. El propósito de ser libres es poder dialogar con otra voluntad.

La decisión que aparece ante nuestros ojos no es menor. Es como la encrucijada del sabio. O huimos, o morimos, o nos volvemos locos, o somos "sabios" y aprendemos a ser felices con esta nuestra realidad de ser en soledad. Sin clausurar que no siempre viviremos solos, pero asumiendo que, aún si fuera el caso, estamos enteros y satisfechos con nuestro modo de ser, con nuestro proyecto de vida personal. Y ocurre una bella reconciliación en donde el dolor de tal vacío desaparece como por arte de magia. La primera vez que fui mi propio consuelo, la primera vez que me cuide a mí mismo cuando estuve en cama, que me festejé a mí mismo, la primera vez que tuve la mejor cita conmigo mismo, la primera vez que aún estando cansado de ser el único habitante de mi hogar pude vencer el tedio y acrecentar la apropiación de mi espacio. No se trata de un estado pasajero, ni de una salida de resignación acompañada de ideas delirantes de fascinación. Es simplemente, una nueva completud. Y si hemos atravesado este camino hasta estas experiencias, hemos no solo aprendido a vivir solos, hemos también alcanzado la madurez para abrir nuestros espacios y empezar a compartir nuestro proyecto de vida en una nueva aventura, la aventura de vivir con alguien que amamos. Descubrimos la delicia de ceder todo nuestro territorio a una nueva identidad. Y sin percatarnos, empieza una dulce espera y la bella ilusión de dejar esta etapa atrás. Si es el caso de que lo que se anhele es una pareja, una familia, hijos. Pero si no es el caso, o este tiempo ya ha quedado atrás, es probable que lo que nazca es la dulce espera y la bella ilusión de vivir feliz lo que nos reste y morir en total plenitud. 

Sea cual sea el espacio que tiene esta etapa de aprender a vivir solos en nuestra historia vital, ya que hay quienes no lo descubren sino hasta el ocaso. O a quienes les basta vivir enamorados de su proyecto de vida y su compartir con otros no implica vivir con algunos de estos otros, o quienes han hecho votos porque han entregado su vida a propósitos espirituales. Lo importante es alcanzar la completud de nuestra plenitud, no temer al lado vacío de nuestra plenitud, pues al final del camino hay una luz tan brillante que todas las incertidumbres, esfuerzos y dolores se olvidan por completo.


Y tú... ¿crees que es valioso aprender a vivir contigo en soledad?



Un pleno abrazo de completud con magia de tortuga.
Feliz fin de semana...




jueves, 17 de julio de 2014

el poder de lo inadmisible...

es el poder que quiebra nuestro entendimiento.


¿Estamos autorizados a reafirmarnos apelando a lo inadmisible? No lo sé. Salvo y cuando, aquello que llamamos inadmisible no sea susceptible de disputa alguna. Acorde con mi punto de vista, el entendimiento se funda, precisamente, en acrecentar nuestro horizonte de lo posible y como tal admisible. Ante lo cual, me parece difícil trazar una clara línea (consenso objetivo mediante) que pueda dividir el límite entre lo admisible y lo inadmisible. Quizá la vía de solución no sea tal.

Me inclino a creer que un honesto examen de conciencia es lo que puede dotar de sustento nuestro rechazo a situaciones inadmisibles, sin recaer en la prepotencia de la fuerza de un entendimiento extraviado en el capricho de su vanidad. Sin apelar a lo inadmisible como barrera de protección emocional ni como consuelo moral. Sin necesidad de refugiarnos en la autosatisfacción de postrarse como razón última. Sin apego a la costumbre del chantaje como método de transacción socio-afectiva. Porque cuando dos voluntades se sienten confrontadas no se trata de que uno conceda la razón al otro, en aras de una convivencia pacífica. Se trata de que ambas partes comprendan que no es una cuestión de razones, ni de quién está en lo correcto o quién está equivocado. Es un ejercicio de pleno reconocimiento de nuestras diferencias, una convicción de respeto común, una vocación de hermanarse no porque pensamos igual (y eso nos hace "supuestamente" más fuertes): hermanarnos porque somos igualmente sensibles y en este sentir (compartido) radica nuestra única fortaleza: amar con el corazón, gozar con la piel, pensar con interrogación.

¿A qué me refiero? A cuando encontramos las razones no en nuestro entendimiento, más bien, en nuestro corazón, en nuestra piel. Territorios en donde destronamos el poder en aras de nuestra plenitud. Virtudes que nutren la posibilidad de también destronar el poder de nuestro entendimiento virtuoso. Porque si lo analizamos con un poco de cuidado, observamos que el límite de lo inadmisible nos remite a nuestra relación con nosotros mismos, no a un estado de confrontación con los demás. No es a los otros a quienes "debemos" poner límites para que nos "respeten" (cualquier cosa que sea esto). Es a nosotros mismos a quienes necesitamos brindarnos pautas para valorar aquello que es bueno para nosotros, aquello que nos daña y reconocer nuestras propias limitaciones, de las cuales no podemos hacer responsables a los otros que nos acompañan. 

Cuando tomamos una decisión porque una situación nos parece inadmisible, no es en contra de alguna cosa o alguna persona, o a causa de los actos de una u otra persona. Es porque encontramos en nosotros limitaciones para enfrentar tal situación. No se trata de una medida de fuerza, por el contrario, se trata de un acto de humildad. Por lo cual, no necesitamos violentarnos para asumir una postura de total intolerancia (es decir, total incomprensión) a una práctica específica, un modo de ser, una forma de actuar, una creencia, una elección de vida, una idea, una palabra, una situación social, etc. Es importante reconciliarnos con la incertidumbres e impotencia ante nuestras limitaciones, para no depositar en los otros la responsabilidad de confrontar nuestros propios límites. Y en este esfuerzo, también distinguir que tampoco nuestros congéneres pueden imputarnos culpa alguna al respecto... solo pueden comprendernos y brindarnos solidario respeto. Porque así como los otros tienen derecho a ejercer sus libertades sin ser oprimidas por juicio alguno, cada uno de nosotros, en su fuero interno, está obligado a vivir tales libertades, sin miramiento alguno, sin lastimar a nadie y sin ofender la condición o situación de otros seres humanos, sin destruir los órdenes sociales, sin necesidad de negar diferencia alguna. Porque de tales intransigencias se nutren todos los horrores. Y una causa, no por parecer más justa, nos autoriza a denigrar nuestra humanidad en forma alguna.


Y tú... ¿respetas tu diferencia?


Un abrazo con magia de tortuga.



PD: Este texto es posterior al que está publicado a continuación y en él retomo algunas referencias del mismo. Por razones técnicas del formato de la plataforma de blogger, aparecen en orden inverso, presentándose primero el texto más reciente. En este caso, puede ser confuso porque por ser publicados el mismo día, parecería que aparecen en el orden en que fueron escritos, sin estar separados por la pauta de la fecha. Espero sea útil esta aclaración de contexto y que, a medida que retome la disciplina de publicarlos diario, no se pierda la secuencia lógica. Gracias!!!! Y bueno... espero sus comentarios, pues en honor a las diferencias anhelo haber suscitado muchas interrogantes en su pensar y en su sentir.