jueves, 20 de noviembre de 2014

juicios y prejuicios...

Al conmemorar el aniversario de la revolución mexicana, el día de la Filosofía, la declaración universal de los derechos de niñas y niños, en México, hoy, se ha hecho un llamado masivo para expresar la suma de indignaciones que ponen en tela de juicio el buen curso de nuestras instituciones. Sin excusa, es importante que tales actos de viva democracia tomen cauce a través de las distintas vías de la paz y en pleno respeto de nuestras leyes. Porque las injusticias deben encararse sin violencia.

No coincido con quienes quieren hacer del acontecer nacional un botín de inconformidades, odios y nuevas injusticias. Desconfío profundamente de los discursos, orquestados desde el primero de diciembre de 2012, que anhelan ver sus expectativas cumplidas, ver sucumbir a nuestro presidente y contar con la certeza de que serán actos autoritarios y de exterminio los que rijan este sexenio. Estoy convencida de que el Estado se ha fortalecido por los caminos de la paz y de la ley. Y que, quienes insisten en ver todo desde la oscuridad, solo hacen eco de sus prejuicios aprehendidos y se niegan a mirar bajo la lupa otras acciones importantes en marcha (gracias a la voluntad efectiva de quienes componen nuestra clase política).

Hemos visto repetirse esta historia una y otra vez. La voz de protesta nace con un acto legítimo y poco a poco transmuta en una suerte de neurosis colectiva que nos impide ver el lado constructivo de las cosas. Una prueba de fuerzas y un arrebato de amenazas contra el orden púbico y contra las autoridades, como si quienes salen a las calles gozaran de otros derechos que el resto de la población. Admiro y apoyo las movilizaciones en aras de la construcción de un mejor país para todos nosotros. Pero me desapego de quienes creen que la violencia es una vía para tales fines. Con más determinación de quienes concentran la fuerza de su lucha en la oposición rotunda y fanática, sin miramiento alguno a alcanzar soluciones satisfactorias, porque de antemano han descalificado a todos sus interlocutores.

Aplaudo que el presidente y la primera dama hayan tomado acciones para dar razón de sus propiedades. Creo que era innecesario frases como "yo no lo voy a permitir" o personalizar en demasía estos ataques, como si no estuviera en juego la credibilidad misma del Gobierno de la República. Como tampoco era necesario hacer énfasis en que la ley no los obliga, pues cuando se trata de fortalecer el Estado Democrático, vale la pena ir más allá de los mínimos que nos exige la ley y dar todo de nosotros con verdadera vocación republicana. Pero el hecho es que, más allá de algunas formas que pueden no ser de nuestra predilección, nuestra voz ha sido escuchada, respondida. El contrato en el que hubo señalamientos de conflicto de interés ha sido ya revocado. Y la casa en cuestión ha sido puesta en venta, lo cual no es una decisión menor. Y es una señal valiente de compromiso y voluntad de conciliación entre intereses particulares y el interés público. Habemos quienes podemos preferir un estilo austero para el ejercicio de la política y abonamos acciones en esa dirección. Pero en México no es un delito ser rico. Sí es ética y políticamente reprochable que el reflejo de nuestras desigualdades se haga evidente, precisamente, en manos de quienes están a cargo de nuestro proyecto de país. Pero de facto ninguna de nuestras garantías está directamente afectada en el enriquecimiento lícito de nuestros ciudadanos. 

Lo que sí atenta contra nuestras garantías es la corrupción y el enriquecimiento ilícito. Ambos, delitos que deben perseguirse por las vías de la ley, con pruebas y bajo el escrutinio de jueces calificados. No bajo la forma del amarillismo ni de la pancarta irreflexiva, como si se tratase de una cacería de personas a las cuales se quiere aniquilar. Tampoco es justo desarticular todo el discurso del Estado y apostar a su fractura sistemática. Tomar como pretexto errores humanos individuales para derrocar instituciones a diestra y siniestra. Deleitarse con la vergüenza pública desmedida y fomentar la desconfianza y el desprestigio de todo lo que nos sustenta. Pues, queramos o no, somos un país en vías de reconstrucción, estamos enteros para dar frente a las adversidades y debemos ser generosos en aras de fortalecernos y no, con mezquindad, acrecentar nuestras debilidades.

Es más importante reflexionar sobre las desigualdades, cuestionar el enriquecimiento ilimitado a costa de la miseria masificada. No en vano contamos entre nosotros con el hombre más rico del mundo. Pensar en conjunto con miras a remodelar nuestros imaginarios del poder y aprender a vivir en concordancia con la realidad nacional. Pero, insisto, el problema no es que unos sean más ricos que otros, que algunos sean muy muy ricos, que nuestro presidente atesore un patrimonio envidiable, el grave problema que enfrentamos como país es que convivamos con la miseria, que millones de mexicanas y mexicanos no puedan acceder a esta misma riqueza. La pobreza y la desigualdad son las motivaciones comunes a las que debemos orientar nuestros esfuerzos y sumar voluntades, en vez de restar con odio, al compromiso obligado de ser un país rico en todos los sentidos y de que nuestra población sea también próspera y abundante en sus garantías de enriquecimiento lícito.

Aplaudo la firmeza y determinación de Enrique Peña Nieto para ver crecer en México los frutos de la paz. Y confío en que, a pesar de las tempestades que lo amenazan, del clamor de odio que ejerce presiones perversas para que nos muestre una cara autoritaria, él sabrá actuar con responsabilidad, entereza, honestidad y compromiso. Y sé, privilegiará el diálogo y sumará voces que, así como hoy piden justicia, mañana reconozcan que sí contamos con un proyecto de Nación y que claro que vale la pena luchar juntos por él. El debe saber que no está solo y que México verá renacer una época de total florecimiento, gracias al esfuerzo de muchos, de todos y gracias a la valentía de su labor. Gracias.

En lo personal vivo al ritmo de los tiempos, mi cuerpo se conmueve al ritmo del clima y no hay nada que me sea indiferente. Soy sensible en demasía. Incluso mis afectos me repelan por no aprender a callar el signo de mi piel que ante todo se transmuta. El desconsuelo de los últimos años me ha hecho preguntarme si es aquí donde quiero fincar las raíces de mi vida y he estado tentada de partir, en más de una ocasión. Pero, en definitiva, decidí quedarme. Porque tenemos mucho trabajo por hacer. Y porque quiero contribuir a que todo lo bueno que podamos hacer se vuelva realidad. La esperanza renacida, que despierta en mí escuchar a las figuras públicas que tienen a su cargo la gran responsabilidad del bien común, es para mí un indicador de que conciliar nuestras diferencias es una tarea irrenunciable y que reconocernos unos a otros virtudes es un ejercicio de vida democrática que no deberíamos desdeñar. No renunciemos a crecer y construir una historia al margen de la violencia. No nos conformemos con señalar culpables. Asumamos el reto de creer que es cierto que el orden de lo público nos pertenece y que podemos depositar en él los caminos de la paz y del crecimiento económico. Sumemos. Pues la historia nunca está escrita y regresar, una y otra vez, a los escenarios del pasado, solo nos priva de la posibilidad de hacer una nueva historia. Convirtámonos todos en el Estado que anhelamos y reconozcamos en nuestras instituciones la valía de su trabajo.


Y tú... ¿por qué odias a Enrique Peña Nieto?



Reciban un aliento de tortuga...
Feliz día de la Filosofía!!


domingo, 16 de noviembre de 2014

domingo de sol...

A al luz de un lindo sol trato de deliberar sobre la libertad. Es un concepto que se nos escapa de las manos. Remite a una experiencia vital y, como tal, carente de una definición acabada. En tanto, el dato significativo de la libertad remite a nuestra posibilidad inacabada de ser. Y al mismo tiempo, es una condición determinante de nuestro ser, a la cual no podemos renunciar. La libertad, a lo largo de la historia de la filosofía, se debate entre el determinismo y el indeterminismo... en sus aplicaciones prácticas como un abanico de posibilidades frente al cual añoramos tener alguna forma de control. Y quizá son nuestras decisiones, lo único que la ponen en evidencia. Incluso cuando nos sentimos indecisos, vacilantes... nuestra libertad nos regala un momento de duda, en el cual, sin certezas, nos permitimos dubitar sobre nuestro rumbo para alcanzar la plenitud de nuestras decisiones libres. La suma de actos libres traman un destino al cual, llega un punto, en que tampoco parecemos renunciar con la misma libertad con que fue elegido... e incluso, entonces, podemos volver a girar la rueda de nuestra fortuna y trazar un nueva ruta para los días por venir. Quizá en este momento de pausa, en que miramos hacia el pasado y reflexionamos sobre nuestro presente, en aras de lograr ser de un modo feliz en el futuro, es cuando somos libres, gracias a la pauta de nuestro pensamiento y a las virtudes de nuestra autoconciencia.

Las decisiones de amor son, sin duda, las más libres... Y ante el desamor... la libre convicción de partir y empezar a soñar con un nuevo amor. Pues, solo cuando hacemos nuestra la decisión de alejarnos de un amor que nos arraiga tristezas y violencias, sin miramientos a las buenas razones de nuestro actuar, sin resentimiento a las malas acciones que han roto tal amor, sin dejar de reprocharnos a nosotros mismos no poder haber previsto tales daños ni haber hecho lo correcto para evitarlos, solo cuando la decisión es simplemente un acto libre, podemos decir se acabó y encarar un nuevo futuro. Y en ese desprendimiento de la ruptura amorosa, dejarnos volar hacia todo lo que habíamos olvidado de nosotros mismos.

Y por dura que sea una separación libremente elegida, confieso que la verdadera tristeza llega cuando, al fin, volvemos a vernos a través de otros ojos, imaginarnos en otros brazos, ilusionarnos con nuevas presencias. Entonces, sabemos, que ya no hay más amor en aquel sueño al cual entregaste la vida entera y que, en su lugar, habita un nuevo vacío. Abismo que no guarda un solo espacio para quien antes fuera el único aliento de nuestra alma. Parece algo imposible. Pero cuando alguien lastima aquello que más valoramos, lastima nuestro querernos a nosotros mismos, lastima nuestra alma, no encuentra nunca más cobijo dentro de nuestros corazones, aún a pesar nuestro. Incluso una madre puede renunciar a su amor de madre ante tales agravios. Sin necesidad de rencor ni perdón.

Porque, una vez que nos perdonamos a nosotros mismos, ya no tiene sentido hablar de otro perdón. Precisamente, hemos renunciado a nuestro interlocutor. Y ya no se trata de lo que sentimos por alguien más, se trata de lo que uno quiere. Y perdonar se vuelve una ficción, pues tal persona no es más quien algún día fue y nada de lo que nos signifique tiene algo que ver con quien en realidad es. Ya nos hemos independizado por completo, el daño ha sido enmendado... todo ha quedado atrás. Dando espacio para todo lo que vendrá por delante y para la nueva persona que sembrará verdadero amor en nuestro corazón. Una vez que éste está libre, incluso de sí mismo. Sin asignaturas pendientes. Sin nada más por aclarar, pues todo fue ya desvelado. Sin nostalgia. Solo la leve tristeza, tras una batalla cruel por reconstruir esa persona que somos sin referente amoroso alguno. Inquietud por descubrir quién llenará de nuevo tales vacíos. Esperanza de que la próxima vez nuestras libertades, al encontrarse, crezcan y se amen con respeto y con la certeza de que nunca más alguien podrá disminuirnos con tal impunidad.

Y con magia de tortuga... empezar a tejer la libre posibilidad de amar en un nuevo tiempo.


Y tú... ¿has elegido partir?



Feliz domingo...
queridas tortuga.






viernes, 14 de noviembre de 2014

Al pasar de los días...

A la par que nuestro país urge por justicia y tratamos de aprender a construir los caminos de la paz, se pone en evidencia cuánto trabajo nos falta por andar. Contamos con un nuevo ombudsman, lo cual es una buena noticia. Tanto por la necesidad de una nueva etapa para que la Comisión Nacional de Derechos Humanos de cuenta de su mandato, sin negligencia ni intereses ajenos a la materia de derechos humanos. Así como, por la labor del Senado de la República para cumplir en tiempo y forma con tal designación. Es digno de mención que se haya logrado avanzar con tal propósito, a pesar de la fuerte pugna de intereses involucrados en la disputa por un organismo autónomo que cuenta con un presupuesto privilegiado y juega un papel fundamental en el equilibrio de poderes. Al mismo tiempo, si bien Luis Raúl González Pérez, cuenta con el perfil apto para tales propósitos, aún está por verse si logra llevar a cabo su responsabilidad con la excelencia que se requiere y sin favorecer los intereses de los grupos que lo sustentan. Si lo logra, sería, no solo una buena noticia, también, implicaría que estamos avanzando con hechos congruentes y contundentes hacia el camino de construir un México de garantías y sin impunidad.

Al mismo tiempo, recibimos la visita atinada de Ariel Dulitzki, miembro del Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas de la ONU. Quien, sin dejar de señalar los errores en los que las autoridades incurrieron para atender con mayor celeridad, y total cumplimiento de los estándares internacionales, el caso de Iguala, señaló que dentro de lo que se está haciendo puede haber señales valiosas de que el Estado podrá dirigirse a la altura de tales estándares, a partir de lo recorrido hasta aquí. Preocupa que el Gobierno Federal se conforme con lo que cree pudo hacer, sin miramiento profundo a comprender que puede hacer más y que su voluntad por acrecentar su cultura de cabal respeto de los derechos humanos debe ir más allá de sus propias expectativas. Para lo cual es bueno que cuente con el equipo atinado, porque, al parecer, los funcionarios responsables de la materia de derechos humanos no son el mejor recurso con que cuenta Enrique Peña Nieto, tampoco brinda certezas a Miguel Angel Osorio Chong ni fortalece los trabajos de Jesús Murillo Karam. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos cumplirá un papel fundamental, a partir de su acompañamiento técnico. Y esperamos que Naciones Unidas cumpla un rol activo y persistente en este proceso, más allá del caso de Iguala. Sin embargo, es el ejecutivo quien debe garantizar que los hechos recientes, sin ser aislados, sí serán un punto de inflexión para revertir las violaciones sistemáticas a los derechos humanos en nuestro país. Estaremos atentos para que, sin autocomplacencias, se logre revertir la impunidad crónica que existe en México.

No puedo dejar de mencionar, con profunda tristeza, que Carmen Aristegui está jugando un papel poco digno en su desesperada búsqueda por crucificar al Gobierno Federal y sin muestras de que está comprometida con construir un México de paz. Aun cuando, los aciertos y la tenacidad de su labor periodística es fundamental para la fortaleza política y democrática de nuestro país. Quizá ella también debería mirar dentro de sí con la misma sagacidad con que mira a quienes no son de su beneplácito. Y, si bien, decir con justicia los errores, las carencias, abusos e incapacidades. Dar espacio también para mencionar aciertos y reconocer acciones virtuosas. Pues sería lamentable para México que su parcialidad redunde en una mengua de su credibilidad. Ganada con legítimo esfuerzo y compromiso. 


Y tú... ¿cómo acompañas el pasar de los días en nuestro acontecer nacional?




Un abrazo... 
y que la magia de tortuga 
logre nuestra reconciliación.



miércoles, 12 de noviembre de 2014

México... ¿soluciones? o solo la muerte para nosotros.

No hay palabras ni forma de expresar la tristeza y la desesperanza que vivimos. Cada quien encuentra la forma de convivir con las dimensiones extremas y contradictorias de nuestra realidad nacional. Con menor o mayor conciencia. En silencio. Con una vela. En manifestaciones masivas. En su fuero interno. Pero nadie está al margen de lo que ocurre. Y todos necesitamos encontrar nuestro lugar y nuestro sentido de pertenencia en nuestros ámbitos de vida. El punto de coincidencia y convergencia está en la convicción de liberarnos y librarnos de todas las formas de normalización de la violencia. Ya sea sutil. Ya sea en nuestras prácticas cotidianas... en nuestras relaciones sociales personales. Con mayor evidencia, la violencia organizada por personas que viven cobijadas al margen de la ley y recurren al terror y el horror como formas de dominio. En un extremo, la corrupción institucionalizada y, en el otro, la criminalidad y la delincuencia. Mediando entre ambos: la impunidad. 

El odio también es una manera de afrontar la impotencia que nos produce reconocer las cosas que pasan, nos lastiman, nos horrorizan y, ante las cuales, nos sentimos profundamente impotentes y frustrados. Han sido largos los años en que vivimos una guerra y todas las secuelas que la acompañan. Secuelas que ahora salen a la luz, al máximo de su expresión. Más de 80 mil muertos, quizá 100 mil. Una lista acumulada, confusa, imposible de cotejar, de al menos 10 mil desaparecidos. Se habla de más de 20 mil, entre los cuales se tratará de los mismos contabilizados como muertos y otros casos que no necesariamente son desaparecidos bajo las condiciones de carencia de instituciones y de los abusos de la violencia, personas extraviadas por otros motivos, de quienes quizá ya se sabe su destino. Sin contar los miles de niños sujetos a la trata de personas, de los cuales, difícilmente se tiene un registro exhaustivo. Dentro de estas personas víctimas, se suma también la gran cantidad de personas migrantes que, sin dejar rastro, no llegan a su lugar de destino, mujeres, jóvenes, indígenas, defensoras y defensores de derechos humanos, periodistas, quienes adolecen de mayor vulnerabilidad y se volvieron blancos intensionados de atrocidades. ¿Cuántas de estas personas murieron en manos de los cuerpos de seguridad? ¿Cuántos se consideran "daños colaterales"? Expresión por demás ognominosa, pues es un tecnicismo que trata de minimizar el hecho de que se trata de civiles y que pone en evidencia la gravedad de haber recurrido a confrontaciones abiertas en las calles entre las fuerzas armadas y el crimen organizado. ¿Cuántos fueron masacrados por el crimen organizado? Ya sea en su lucha interna por los territorios, ya sea al servicio de otros intereses, al ser sicarios asalariados, ya sea en la confrontación contra los cuerpos de seguridad, ya sea en sus prácticas sistemáticas contra la población, en su afán de coptarla a su servicio y acosarla para tener el total control sobre sus vidas. Y el resultado... el número no registrado de fosas a lo largo y ancho del país, que han convertido nuestra nación en un cementerio.

A la luz de este horror, la Corte Penal Internacional recibió ya una demanda en contra de Felipe Calderón y Joaquín Guzmán. De la cual ya no oímos ningún interés por parte de los medios de comunicación y sobre su proceso tampoco tenemos información alguna. Así como, en la actualidad estamos bajo la mira de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, existen casos en proceso de admisión y su participación atinada y pertinente ha dado fortaleza al proceso de restauración, que vivimos, en aras de consolidar una solución pacífica para resarcir el daño invaluable que hemos sufrido. Otro ámbito de profunda coincidiencia es la necesidad de encontrar soluciones y transformar la inercia de la violencia que nos ha avasallado. Recuperar la confianza en nuestras instituciones. Restaurar el estado de derecho. Dejar de ser una población en riesgo. Superar la crisis humanitaria en que nos encontramos.

La personas con menos recursos son quienes han tenido que sostener la carga más brutal de estas realidades. Lo cual suma un daño más grave a su sufrimiento, como el caso de los familiares de las 43 personas asesinadas e incineradas bárbaramente en Iguala, Guerrero. De las cuales todavía se espera una mejor suerte, en caso de que no se corrobore su identidad tras las pruebas de ADN. Pero en medio de tal incertidumbre, 9 fosas, 28 personas más no identificadas y otras más cuyos restos fueron depositados en bolsas de basura atrozmente.

Sumado a todo esto, la historia de organización social al margen de la ley que caracteriza a México, prácticamente desde los tiempos de la Revolución de principios del siglo pasado, guerrillas sistemáticas que mantienen en estado de sitio distintas entidades de la República. Y todo el aparato de reclutamiento y adoctrinamiento que no ha cejado por décadas y que ahora han jugado un rol importante en medio del caos de la guerra contra el crimen organizado, siendo también penetrados y coptados para fines de confrontación contra todas las instituciones. En cuyas dinámicas, lamentablemente, los jóvenes y los estudiantes se acostumbran como caldo de cultivo para garantizar su existencia.  Así como, el movimiento zapatista y todas sus ramificaciones, clandestinas y pacíficas, que tampoco reconocen el valor de nuestras instituciones. Sin dejar de mencionar, las organizaciones sindicales, no todas, que han desvirtuado su labor y se jactan de obtener por la vía de la fuerza lo que no son capaces de construir por la vía del diálogo.

Pero si faltara poco, y quizás como motor de todos estos fenómenos, el enriquecimiento desmedido de sectores marginales de la población en donde se abona una realidad que atenta contra la posibilidad de una vida digna de la mayoría de la población. Una cultura de la riqueza basada en la banalidad del dinero y en la acumulación de status social como una forma moral de vida. Sin miramiento alguno a las realidades que nos conforman. La pugna por el monopolio de los recursos financieros, fincado en impunidad fáctica, tampoco facilita lograr soluciones justas para nuestro México.

En el entramado de este mapa, la subsistnencia, o sobrevivencia, de las instituciones que tanto necesitamos construir y fortalecer. Las cuales se usan como trofeos en medio de la pugna de nuestra clase política, cada día más desprestigiada. Un sistema de partidos que lucra con los ideales y sueños de la población y se conforma con su propio enriquecimiento. Algunos viviendo a expensas del crimen organizado. El juego de la política como una suma de formas y análisis para capitalizar de la mejor manera nuestras tragedias. Prácticas de las cuales ningún grupo político está exento. Organos autónomos que se achican ante las prerrogativas de las que gozan para no perder ninguna de ellas y olvidan su misión de origen, quizá al servicio del lavado de dinero. Un sistema de justicia que no termina de estar a la altura de las circunstancias. Cuerpos de seguridad que adolecen de la carencia de herramientas básicas para llevar a cabo sus tareas, con decoro y con la capacidad técnica necesaria, menos aún, capaces de actuar en concordancia con los estándares en materia de derechos humanos que nos rigen.

¿Qué hacer? ¿qué podemos hacer?

Hasta aquí, hemos restado. Tratemos de sumar. Hay personas honestas, tanto en la población como en nuestra clase política. Hay funcionarios capaces, incluso hay seres sumamente valiosos a cargo de tareas de primordial importancia para el desarrollo de nuestro país. Hay integrantes de los cuerpos de seguridad con vocación de servicio auténtica. Y si miramos con detenimiento, hemos logrado muchos hechos virtuosos en aras de la recomposición de todo lo que está roto. Leyes que empiezan a conmover los cimientos de nuestras instituciones y prácticas. Una sociedad civil cada vez más participativa e interesada en dialogar con las instituciones y llevar a buen término sus demandas y el respeto a sus valores, sin discriminación. Agendas políticas que se exigen a sí mismas dar solución a los avatares que nos aquejan. Específicas asignaturas pendientes puestas con claridad sobre la mesa de trabajo y discusión para darles viabilidad. Una opinión pública abierta al escrutinio de la sociedad en los medios de comunicación. La puesta en evidencia de nuestras debilidades. El reconocimiento de nuestras obligaciones. La escucha a nuestras necesidades. Discursos políticos que se debaten en aras de la concordancia y congruencia con los fines que promulgan. Millones de mexicanas y mexicanos de todos los distintos sectores sociales de la población que trabajan, trabajan y trabajan hasta el cansancio y con perseverancia, paciencia, tolerancia a la frustración, siguen trabajando. Y es a todo esto a lo que debemos, también, voltear la vista. Exalsar las virtudes de nuestra clase política, pues también las tienen. Abonar a su articulación dialógica, con consenso y unanimidad. Crecer en nuestra capacidad de conciliar nuestras diferencias sin necesidad de derrocar a ningún enemigo. Coexistir con respeto en el seno de nuestras desavenencias. 

El estancamiento económico no nos ayuda para mirar con mayor esperanza el presente y nuestro porvenir. Por lo que el Gobierno Federal enfrenta el gran reto de que sintamos en nuestros ingresos, en nuestra vida cotidiana, en nuestros proyectos personales, los logros anunciados y las promesas promulgadas. Sin excusa alguna y con urgencia. Al margen de los intereses políticos y económicos de grupo alguno.

Las fosas deben ser todas encontradas, los cuerpos, todos, identificados. Los desaparecidos todos localizados, vivos o muertos, se debe saber de su paradero y de la travesía que los antecedió. A quienes han muerto debemos honrarlos con su nombre y apellido y recordarlos en nuestra memoria, como un símbolo de que esto no se repetirá y de que su muerte no ha sido en vano.

Quienes han llevado a cabo prácticas al margen de la ley deben enfrentar el proceso de justicia correspondiente y sin excepción. El sistema de justicia debe dar cauce ejemplar a tales procesos. Y debemos contar con un mecanismo de justicia transicional para construir el nuevo entramado social que posibilite cambiar tales prácticas ilegales. Sean del tipo que sean, las cometan quienes las cometan.

Las políticas públicas en ciernes, en especial las que competen a los derechos humanos, la ciudadanía, los procesos de paz y la erradicación de la violencia, deben ser tomadas más en serio y volverse tangibles con resultados que superen la simple justificación del gasto público y la simple conservación de los puestos de trabajo de los funcionarios a cargo.

Todas las instancias con las que ahora contamos deben tomar en serio su tarea y hacer un trabajo impecable, sin miramientos a la capitalización mediática, enfocados en la seriedad y gravedad de los asuntos a su cargo, con total responsabilidad. No necesitamos funcionarios vanidosos que construyen sus carreras, conservan sus sueldos como una forma de sentirse exitosos y olvidan la labor que les compete.

Los protocolos de actuación con que ya contamos deben aplicarse más allá de un procedimiento de legitimidad para rendir cuentas en papel, deben dar certezas y operar al máximo de sus posibilidades con hechos contundentes.

La capacidad instalada del Estado para satisfacer los imponderables en materia educativa debe explotarse sin interés de grupo alguno. Contamos con miles de personas, sino es que millones, cuyo trabajo territorial, profesional, de excelencia, debe poder llegar a todos los rincones del país y construir una cultura de no violencia así como una conciencia de la importancia del estado de derecho, del Estado, de las instituciones que lo componen, como realidades que no nos son ajenas, de las que somos parte y que construimos, con nuestro esfuerzo individual, cada uno de nosotros.

No podemos seguirnos darnos el lujo de conformarnos con que todo está destruido, con que no hay salidas legales y pacíficas para reconstruir nuestro imaginario social, menos aún, con que podemos concentrar nuestro odio en las personas públicas y satisfacernos con verlas sucumbir. La responsabilidad también es nuestra. Y el crimen organizado nuestra amenaza común. Al cual, habrá que reintegrar como seres humanos a una dinámica de vida constructiva. No seamos cómplices, seamos parte de la solución. Hagamos nuestra la reconstrucción de nuestro país.

Invito a que los medios de comunicación contemplen que la labor periodística no se trata solo de la confrontación abierta. El periodismo puede ser crítico y dialogar desde territorios pacíficos. No por ello dejarían de hacernos ver la realidad que muestran sus reportajes. La narrativa veraz y objetiva es la que más informa, los golpes mediáticos disminuyen nuestra capacidad crítica y nos vuelven rehenes de sus agendas de opinión con total impunidad. Somos ciudadanos y merecemos tener nuestros juicios propios, sin necesidad de ver cómo humillan a las figuras públicas. Un hecho no es más contundente porque se nos relate con odio. Los hechos hablan por sí mismos y, en un mundo de libertades, se debe permitir que cada uno hable por sí mismo. No abusen de su poder, eso también es corrupción. Renuncien al coto de impunidad que también los cobija. Asuman responsabilidades ante las tragedias que nos relatan, no se conformen con recibir rentas de ellas. La conmoción y la indignación persiste, y es más contundente, cuando encontramos formas no violentas de manifestarlas. Ustedes también deben rendir cuentas a la ciudadanía. De ahí que se les acuñe ser el cuarto poder. Regálennos un poco de certidumbre, no solo cimbren nuestras certezas. Aprendan el arte de la generosidad y de la justicia con humanidad. Interrogar para saber y no para juzgar de antemano que no se recibirá una respuesta satisfactoria. Su labor es valiosa y encierra en sí misma la puesta en práctica de todas las virtudes.

Yo apoyo al Gobierno Federal y a todos los poderes que conforman el Estado. Creo que no hay que renunciar a ser críticos con su trabajo ni a exigirles lo mejor en su desempeño. En esta tarea, estoy convencida de que todos nos merecemos que logren resultados sólidos y que esto redundará, no solo en beneficios para todos nosotros, sino también dará garantías a nuestros futuros gobernantes y certezas a las siguientes generaciones. Exijamos de todos los órganos de gobierno el cabal cumplimiento de sus obligaciones. Conozcamos más de cerca su trabajo. Demos seguimiento a todas sus agendas y a la puesta en práctica de las mismas. Pero sin odio. Sin resentimientos heredados. Sin revanchismos. Sin suspicacias. Con total apertura para descubrir que hay cosas que sí se están haciendo, que se están haciendo bien y que buenas cosas también están pasando en este proceso de pasar del caos de la monstruosidad al orden de la paz. Que quizá este sexenio priista no tiene como propósito reprimir y matar estudiantes. Seamos sagaces ante sus errores pero miremos hacia el mañana sin perpetuarlos. Unámonos en torno al mejor destino de nuestra instituciones.

Sin dejar de hacer notar cuán vergonzoso e insultante es el caso de la suntuosa casa de la señora Angélica Rivera. No hay manera de encontrar una interpretación razonable. Ligado a que se desveló un claro conflicto de interés en el contrato, ya revocado, con tal constructora. Sobre la construcción del tren, esperamos todos que el nuevo contrato satisfaga los estándares de legalidad y transparencia que merecemos, y que no haya detrimento en la capacidad tecnológica y eficacia de quienes lleguen a tener a su cargo tal responsabilidad. En cuanto a la penalidad que nos impone la revocación del contrato, una manera tangible de saldarla es entregando a cuenta la propiedad en cuestión. Esto daría muestras de honestidad y responsabilidad. Pero, sobre todo, sería una muestra tangible de que la familia Peña Rivera es consciente de la realidad y las necesidades del país que la sustenta.


Y tú... ¿todavía crees en México?



Un gran abrazo de tortuga para alentar sus caparazones, 
en medio de la tristeza que nos aqueja.



domingo, 9 de noviembre de 2014

Navidad con magia de tortuga...











Querida tortugas, con dedicatoria especial, espero que se sumen a esta aventura de la vasija mágica y que mi ofrecimiento haga eco en sus caparazones.

Las quiero!

miércoles, 5 de noviembre de 2014

alegrías...

Llegaron a mi vida cuatro bellos ángeles: Birko Oso, Aika Bella, Kio Mio y Kara Allegra... bellos hijos de Mila Amaranta. Nacieron en mis manos y ya cumplieron un mes y medio de vida. 

Trajeron consigo...amor, ternura, sonrisas y la esperanza de la vida en todo su significado. 

...La pausa para redescubrir la luz del sol, el jardín, la simple contemplación que se deleita con el solo hecho de estar.

Nacieron en medio de la tormenta.

Crecen aceleradamente y cada uno muestra su rostro al ritmo de su corazón. 

Cada día es una nueva hazaña y, de pronto, abrieron los ojos, levantaron la cabeza y temblaron sobre sus piernas, a punto de empezar a caminar. Ahora saltan veloces uno tras el otro.

Me conmueven con su sensibilidad y la destreza de su entendimiento. 

Pusieron de cabeza nuestra casa y ahora regresa la calma, a medida que se apoderan de todos sus territorios por descubrir. 

Juegan y duermen. 

Muerden y se acurrucan. 

Exploran y me enseñan la dicha de sus aventuras.

Son el testimonio de que la belleza de la vida es algo que no podemos permitirnos olvidar.



Y tú... ¿has recibido la vida en tus manos?


Gracias hermosos...
gracias Mila de miel.

Feliz miércoles de casi llena luna.









martes, 4 de noviembre de 2014

luz de luna feliz...

Silencio y calma llenan de plenitud esta tarde de bello bosque. 
La luz del sol, entrelazada con las hojas de los árboles, dibuja sombras nítidas. 
El cielo azul se abre para recibir una noche de brillante luna... 

¿Cuál es esa alegría que esconde el viento cuando suena al compás de la marea?

Esa incesante actividad que se renueva al amanecer...
El suspiro de gratitud por el logro de la fuerza de nuestra alma...
La sonrisa de serenidad que ha olvidado todas sus tristezas...

Ese latido del corazón que no se quiebra 
y crece junto con los anhelos cumplidos...
La leve caricia de las dichas que descubrimos durante el día...
El suave recuerdo de un pasado que duerme en paz...

La firme certeza de un presente 
que hace del futuro nuestro actual cotidiano...


Y tú... ¿habitas tu futuro?



Sonrisa de luna 
y feliz noche
llena de magia de tortuga...