domingo, 14 de diciembre de 2014

letras al despertar...

...en medio de una noche de lluvia de estrellas.


Una estrella de mar se ha perdido. ¿Quién se la llevó? ... Un engaño.

La sirena de los océanos de miel sonríe. 


Y tú... ¿le has robado el sueño a una sirena?




Abrazo de reconciliación con magia de tortuga.

miércoles, 10 de diciembre de 2014

volvamos a la ética...

y protejamos el ejercicio de los derechos humanos.


Hace algunos años escribí un texto al cual titulé "La corrupción: una forma de vida" y en estos días me parece muy pertinente compartirlo. Porque vivimos tiempos en que es importante descubrir cómo hacer de la política una práctica ética per se. El desarrollo de nuestro entramado legal solo puede volverse real en las prácticas de vida y profesionales de cada uno de nosotros, sea cual sea nuestra función dentro de la composición del Estado. Comparto tal texto para provocar una reflexión en el día de los derechos humanos, que abone a las soluciones en ciernes. 

Sin antes recordar que, cuando de violaciones a derechos humanos se trata, debemos privilegiar el papel toral que tienen las víctimas, resarcir los daños a partir del carácter irreversible de la tragedia que enfrentan los familiares de las personas desaparecidas y, en el caso de Iguala, presuntamente, asesinadas brutalmente. La exigencia de la presentación con vida o, de no ser así, lamentablemente, conocer el paradero de sus restos, los cuales merecen ser entregados a sus familiares para que éstos puedan llevar a cabo el proceso de duelo respectivo. Me sumo solidariamente al dolor de la familia de Alexander Mora, al conocer el aberrante destino de su cuerpo y la crueldad con que su vida fue arrancada de todos nosotros. La herida que llevamos los mexicanos y mexicanas ante este horror humano es también de carácter irreversible e insalvable. Y nos obliga mirar hacia adelante con la conciencia clara de que tales hechos no pueden seguir siendo parte del contexto de normalización de la violencia en el cual nos encontramos. Tomar conciencia implica indignación, alzar la voz, visibilizar las atrocidades, encontrar soluciones adecuadas, respuestas de fondo sólidas y contundentes por parte del monopolio de la fuerza pública en manos de quienes tienen a su cargo la responsabilidad y la autoridad del Estado, el respeto irrestricto al imperio de la ley y la legitmidad de todos los actores sociales en el diálogo político, incluidas las responsabilidades, para todas las partes, que esto conlleva.

Tomar un rol preponderante como actores de la sociedad civil no es una pleitesía ajena de obligaciones y limitaciones. También los movimientos sociales tienen una responsabilidad legal sobre sus actos, están en riesgo de cometer actos de corrupción y no están exentos del carácter ético de sus actos humanos. Así como, ningún exceso cometido por la fuerza social, la cual no puede ser usada como medio de cohersión o coacción, justifica violaciones de derechos humanos por parte de los agentes del Estado. De ahí que la mesura, la responsabilidad, la objetividad, el examen de conciencia, el diálogo, la generosidad, la reconciliación, la apertura a los cauces de soluciones, el reconocimiento pleno de la legitimidad y credibilidad de todas las partes, el análisis abierto, la actualización de las causas a los contextos del presente, la expresión respetuosa, los acuerdos logrados, el consenso, la estrategia de las exigencias, la voluntad institucional de lograr los cambios profundos, la construcción, el perdón, la reparación, la justicia, la verdad, la memoria histórica, la vocación de hacer del presente un futuro que no pueda enmarcarse más dentro de tal memoria histórica como punto de referencia interpretativa, pero que sí se sepa un tiempo heredero de todo lo que compone nuestro pasado, son un conjunto de compromisos éticos inalienables, ya que de lo que se trata es de eliminar todo riesgo de ser víctima de una violación de derechos humanos y erradicar por completo las violaciones graves a los derechos humanos. 

La defensa de los derechos humanos, en México, dado nuestro marco constitucional normativo y dada la complejidad de la violencia que nos somete, está llamada a reconstituir sus estrategias de acción. No hay referentes que logren darnos un contexto adecuado de interpretación. Como tampoco estamos familiarizados con compartir el compromiso con el respeto al ejercicio pleno de los derechos humanos con el Estado. Este es el gran punto de quiebre del logro de la reforma constitucional. Escuchar a un presidente decir "Todos somos Ayotzinapa" no debería causar ofensa, por el contrario, es un acto de total reconocimiento a las víctimas, es la toma de conciencia de las altas esferas de la clase política de que la lucha por los derechos humanos no es más una lucha entre la ciudadanía y el gobierno, es una lucha contra todos los abusos del poder, no solo del Estado, de los poderes fácticos, mediáticos y sociales, es una lucha contra la corrupción de la vida, contra la impunidad de quienes atentan contra nuestra vida. No solo contra nuestra integridad personal, contra todos los ámbitos de nuestro proyecto de vida. Y esto es un logro de los defensores de derechos humanos y es un legado de todas la víctimas que han sufrido en carne propia tales abusos. Por lo que no es hora de empequeñecer nuestras miras y conformarnos con aquellos recursos limitados de lucha y resistencia con los que antes contábamos en la frontera de la legalidad. Es el tiempo de mirar hacia arriba, extender nuestra luces y hacernos cargo de lo que hoy se nos impone, a la altura de las nuevas circunstancias. Las puertas que antes debieron ser quemadas y golpeadas con astucia y desesperación, hoy están abiertas a nuestro paso. Atrevámonos a cruzar las fronteras que nosotros mismos hemos reconfigurado. 


Comparto el comunicado de la Oficina en México del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, en conciliación con la exigencia de que se satisfagan con ejemplaridad los más altos estándares en materia de derechos humanos en el caso de Iguala y en todos los casos de violaciones graves que han sido perpretadas en nuestro país, en exhorto a que el Gobierno no escatime en hechos y esfuerzos para la consecución de estos propósitos.

http://hchr.org.mx/files/comunicados/2014/11/20141129_ComPrensa_AgendaDH.pdf

Comparto también el llamado del Secretario General de la Naciones Unidas para llevar a a cabo investigaciones meticulosas en todos los casos de desapariciones:
* * Traducción no oficial
05 de diciembre de 2014.- En respuesta a una pregunta hecha el día de hoy sobre México, el Portavoz, Stephane Dujarric, dijo que el Secretario General está entristecido por los hechos violentos en Iguala, incluyendo la desaparición de los 43 estudiantes de Ayotzinapa, la muerte de seis personas y las lesiones sufridas por al menos 20 más. Hace extensiva su solidaridad con las familias afectadas y con el pueblo de México.
El Secretario General también hace eco de las expresiones de solidaridad y preocupación mostradas por parte del Sistema de la ONU en México, el Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos y los tres Procedimientos Especiales de la ONU que han urgido a llevar a cabo una investigación meticulosa en este y en todos los casos de desapariciones. Asimismo, da la bienvenida a los pasos tomados por las autoridades, las víctimas y sus representantes para permitir que la Comisión Interamericana de Derechos Humanos apoye las investigaciones en curso. Naciones Unidas, a través del Alto Comisionado para los Derechos Humanos, está lista para apoyar al Gobierno mexicano para atender los retos actuales.
El Secretario General enfatiza la importancia del derecho a la libertad de expresión y la necesidad de canalizar las legítimas demandas de manera pacífica y con completo respeto a los derechos humanos y el Estado de Derecho.
Me sumo al día internacional de los derechos humanos compartiendo la invitación de la Oficina en México del Alto Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos y brindar por el honor de todos quienes dedican su vida a la defensa de los derechos humanos:
E incluyo el video con que dio inicio tal evento, al cual, sin poder estar presente, acompaño en mi corazón:

Los desaparecidos nos faltan a todxs

LA CORRUPCIÓN: UNA FORMA DE VIDA
Morelia, 2005.
"La política dice: "sed astutos como la serpiente". La moral añade(como condición limitativa): "y sin engaño, como las palomas".Si no pueden coexistir ambas en un mismo precepto, entonces hay realmente un choque entre la política y la moral; pero si se unen, resulta absurdo el concepto de contrario y no se puede plantear como un problema la resolución del conflicto entre la moral y la política." (Kant, La paz perpetua; Apéndice.) 

Pensar el engaño...
¿Cuántas mentiras están involucradas en un acto corrupto?
Dependerá, a primera vista, de a qué nos estemos refiriendo por dicho acto. Puede ser un robo, un desfalco, malversación de fondos, abuso de confianza, abuso de poder, peculado, un asesinato, una infidelidad, una calumnia, un chisme, una "mordida", la extorsión, un secuestro, la tortura, una violación sexual, pasarse un semáforo en rojo, dar o recibir un trato discrecional, el nepotismo, un despido, una contratación, la negligencia, un pago injustificado, un cobro ilícito, una decision, una palabra, una mirada, la falta de ejecución, la omisión, la acción.
De manera similar a la virtud, la corrupción, en abstracto, no nos da muchos elementos para identificarla y, en este caso, censurarla o detractarla; en aquél, alabarla o procurarla. Sin embargo, de común acuerdo, parece que se puede señalar, relativamente fácil, a un individuo específico y llamarlo corrupto, a la luz de sus actos, incluso de manera más frecuente y ligera que cuando se trata de reconocer a los virtuosos.
El ser corrupto tiene que ver con un modo de ser, un modo de hacer las cosas, un modo de ver la realidad que implica conductas que se convierten en hábitos. Es decir, nos vamos acostumbrando a ciertas prácticas corruptas, a compartirlas, permitirlas, e incluso llevarlas a cabo. En algunos casos, a pesar de reprobar dichas conductas en abstracto, las damos por sentadas, en concreto. Al grado tal, que llega a sorprender encontrarse con un ser honesto, más aún si éste es un "político". Profesión que casi, por definición, se equipara a un sinónimo inmediato de "corrupto".
Justificar el engaño...
¿Cuántos mentirosos se necesitan para legitimar un acto corrupto?
Al menos dos. Es decir, si el sujeto delinque solo y no requiere cómplices, cae en la psicopatía, en la delincuencia, la no-adaptación, el error, la falta de conciencia moral, el delito. Pero no se le atribuye, necesariamente, el adjetivo de corrupto.
La sociopatía, en cambio, es ya el terreno propio de las manifestaciones más extremas del fenómeno que aquí me ocupa y que trataré de desentrañar a continuación: ser corrupto.
El ser corrupto involucra la relación con el entorno, aparejado con la experiencia de algún tipo de ruptura.
Me explico. La corrupción implica un romper-con. Es una fractura, una experiencia en la frontera de un orden establecido, de mi persona, de un otro posible; desde lo roto. Y es una experiencia compartida, rompo con mis principios, violento el "cuidado de mí", rompo con la norma, con la moral, con la institucionalidad. Al mismo tiempo que rompo "junto con", junto con quien también se fractura a sí mismo (consciente o inconscientemente; voluntariamente o por dejar de ejercer su voluntad), junto con quien también quebranta la legalidad, junto con la legalidad misma que, en el límite de su efectividad, me obliga a trasgredirla.
Es importante tomar en cuenta que, en algunos casos, esta "ruptura" puede ser la respuesta no-corrupta (en términos éticos) a un orden corrupto per se, ya establecido.
Desde lo dicho hasta aquí, tendríamos que regresar al psicópata e incluirlo en este ciclo, en tanto, hay un quebranto en su voluntad. Esto valdría también para todos los casos en los que por alguna carencia fisiológica se considera que el individuo está "fuera de carácter". Tomando en cuenta que la relación con uno mismo implica de antemano un otro al cual le puedo contar mis mentiras.
Vivir el engaño...
¿Cómo un acto corrupto deviene legítimo?
Se requieren ciertos incentivos para corromperse. Y ciertas motivaciones para corromper con otros.
Aquí es donde la ética se vuelve relevante para el análisis de este fenómeno, ya que no es un asunto de "valores", es un asunto de prácticas específicas, legitimadas, compartidas, cuya efectividad, en tanto se ha constituido en una forma de vida, es impecable, pero que, sin embargo, nada tienen que ver con una búsqueda reflexiva acerca de lo humano y del bien humano. De aquí que sea sumamente complicado penetrar estas estructuras de poder, que no sólo nos remiten a la política y permean, o constituyen, por inverosímil que parezca, muchos de nuestros ámbitos vitales, como son los espacios laborales, académicos, todos los espacios en los cuales son y conviven los seres humanos consigo mismos, entre sí y con su entorno.
La mentira deviene un recurso más efectivo y, sobretodo, altamente eficiente, para establecer equilibrios de socialización y operación entre individuos que comparten un mismo paradigma, pero incompatible con el ámbito de la ética. Para mentir requiero "cómplices", es decir, requiero ser parte de una suerte de "sociedad del conocimiento" con quien comparto valores paradigmáticos que nos permiten reproducir, en grupo, de manera compartida, prácticas inadecuadas, tan habitualmente que, en mi esquema mental, se vuelven adecuadas, por lo que llegan a ser correctas en el trasfondo de mi psique y, por otro lado, se instauran como praxis. En estricto sentido, la corrupción es una práctica moral, frente a la cual sólo la ética puede brindarnos alternativas.
Sustituir el engaño...
¿Cómo evitar la corrupción?
Dicho desde otra perspectiva ¿por qué los intentos por sintetizar en una conducta ambos momentos de la realidad ética (teoría y praxis) fracasan? Sobretodo, cuando nos empeñamos en poner en práctica ideales, valores, principios, en este caso, cuando tratamos de erradicar el engaño de nuestra práctica política, con el fin de que la misma cumpla con su función primera: garantizar las condiciones de vida de las sociedades.
Este fenómeno: la disociación ineludible entre mi pensar y mi actuar. La singular contradicción entre mi desear y mi realizar. La distancia, aparentemente impenetrable, entre mi conciencia y todo aquello de lo que soy consciente. El cual considero como punto medular de la investigación ética, siendo, creo yo, también el que incide de manera directa sobre las prácticas de los agentes políticos. ¿Es una ruptura que enfrentamos sólo a nivel discursivo? ¿un juego del lenguaje? o ¿es, más bien, una escisión estructural de nuestra mente la que posibilita que una práctica como la de la corrupción se constituya en una forma de vida?
Es decir, podría ser el caso de que la conducta humana, en sí misma, sea la que se constituye, reiterativa e irreversiblemente, bajo esta paradójica situación de no corresponderse cabalmente con su intencionalidad.
Si nos remitimos a los hechos, el acto moral (el precepto de la buena intención hecho costumbre) y el acto ético (la concreción reflexiva y efectiva de los preceptos en buenas intenciones hecha hábito) no pueden ser dos cosas distintas o separadas. De una práctica podemos predicar su carácter ético y su carácter moral "como si" fueran independientes, pero no podemos decir que de hecho esa práctica se convierte en dos, en tiempo y en espacio es una e idéntica en sí misma. En el caso de la corrupción, la moralidad de estas prácticas se constituye en concreción no-ética que, paradójicamente, en tanto efectivas, se podrían incluso entender como una expresión ética de lo "no permitido moralmente". Curiosamente, al reflexionar al respecto se nos presenta nuevamente la posibilidad de recaer en una argumentación circular, más rotundamente, cuando nos vemos obligados a usar uno de los aspectos de esta moralidad de la corrupción para referirnos al otro, el de la eticidad de la misma. Siendo este caso, el de la corrupción, un contraejemplo que muestra cómo la teoría y praxis (de manera inversa e indirectamente) sí se pueden llegar a corresponder a través de un proceso deliberativo.
Pero ¿por qué? ¿Por qué es posible separar la conciencia de lo bueno en el actuar, del resultado mismo de esta acción y encontrar innumerables justificaciones posibles? Algunas de ellas más válidas que la que podrían argumentarse para actuar correctamente. En el caso que aquí nos ocupa, la interrogante sería ¿cómo es que puedo separar mi conciencia de lo malo, de la conciencia de mi acción de tal manera que, no por saber que cierta acción no es correcta, dejo de llevarla a cabo, y que esta decisión de llevarla a cabo es intencional (en el peor de los casos, perversa)? Vemos nuevamente una doble inversión en el esquema paradigmático que posibilita instaurar la mentira como única verdad.
Desde otro ángulo ¿por qué no es tarea sencilla "enseñar" a las personas a actuar éticamente? Cambiar o "corregir" una determinada conducta, en algunos casos, puede llegar a parecer una misión imposible, remitámonos a nosotros mismos. Uno de los motivos puede ser que difícilmente llegamos a un consenso acerca de cómo debemos actuar y las más de la veces este consenso no es una motivación suficiente o no es cabalmente funcional como para consolidar otro tipo de conductas, por lo que corre el riesgo de quedarse en el papel. Pero sobretodo porque existen ya códigos operantes de nuestro actuar que limitan este reaprendizaje.
Esta complejidad, la cual involucra la dificultad que a veces nos ofrece el tratar de definir y distinguir la ética de la moral, se traduce en la complejidad, dinámica y dialéctica, misma del vivir.
A través de esta sutil, pero nada menor, distinción que se sintetiza en la paradoja de la teoría vs la praxis, intento dar razón de una práctica que se desdobla en ella misma, por definición, y que sólo así, en tanto disociación, es capaz de proyectarse como conducta. Siendo el espacio de la disociación el sustento y motor de la fractura, de la rendija, en la cual se instaura lo "roto con", lo corrupto, como una forma de vida.
Por ello, la ética, como condición de posibilidad inherente y constitutiva de nuestro mecanismo consciente, es dialogante capaz de refracturar el quebranto e instaurar otro modo de vida que sí posibilite desatanizar "lo político", al "político", situarnos, precisamente, en el absurdo contrasentido, nombrado por Kant, en el que se recae al hacer la distinción entre la ética y la política. Una vez que se asumen como una y la misma práctica.
De ahí que la toma de conciencia, el acto ético que media todo nuestro hacer, más detenidamente, toda decisión en nuestro hacer, sea esfuerzo de vida. Y este esfuerzo es el sentido mismo de la vida, en términos estrictos: es la vida misma.
La moral, en cambio, es el reflejo enajenado de esta posibilidad, cuya única función es marcar el límite de la mediación necesaria para toda práctica, de tal forma que cualquier práctica se vuelva operativa. Pero como marca (o parámetro) es completamente relativa y arbitraria, su función no es sustancial en tanto contenidos específicos de lo que se debe hacer y no se debe hacer, sino que es esencial en tanto permite establecer el territorio dentro del cual sé qué hacer y cómo comportarme, en una situación dada, bajo circunstancias específicas. Marco referencial sin el cual nos perdemos en el cosmos de la demencia, y cuya pauta nos puede llevar a otro tipo de demencias, entre ellas, la corrupción como forma de vida. De ahí que cualquier intento por depositar en la moral la efectividad de la praxis fracasa. Por definición, la moral es sólo la suposición de aquello que aceptamos como bueno. Sin embargo, toda praxis es efectividad de la moral. Lo cual se ve claramente en el problema aquí planteado, en donde siendo la moral insuficiente para garantizar que no se cometan los actos corruptos, al instaurarse los mismos, devienen en praxis y reflejan la efectividad de una moral desengañada cuyo paradigma es precisamente vivir bajo el supuesto de que la corrupción es la única alternativa y que todos son igualmente corruptos.
Qué pasaría si le diéramos la vuelta a este esquema y partiéramos del suspuesto contrario, el de la confianza en el otro, la confianza en mí mismo, la confianza en las instituciones, la confianza en los distintos aspectos de la legalidad. Si nos adueñáramos de nuestras mentiras y confiáramos en que el otro nos va a mostrar su rostro al mismo tiempo que yo le brindo el mío.
Lo que nos hace libres, para darle el giro conceptual que prefiramos a nuestras costumbres y elegir distintos hábitos, es el doble acto de conciencia en el que nos "desenajenamos" de cualquier absoluto moral. Es decir, el doble acto de conciencia implica no sólo tomar conciencia de mi actuar en tanto práctica diaria, sino tomar conciencia de que mi práctica está sujeta a un determinado actuar que no es necesario, ya que a través de mis propias mediaciones soy yo quien va estableciendo las pautas dentro de las cuales decido cómo desenvolverme. Asumo así, la estricta responsabilidad sobre mis actos y decisiones. Y esto es la ética como práctica efectiva, cuya praxis siempre se manifiesta a través del fenómeno moral como mediación.
Ahora bien, quien es corrupto alcanza a ver más allá de la norma, sin embargo, esto no le implica responsabilidad alguna, y la labor más difícil de mantenerse en esa posición es el cúmulo de mentiras que tendrá que argumentar y creerse para dar sustento a su realidad, pues no se ha adueñado de todo el proceso en el que está inmerso y a la vez que infringe el supuesto moral, necesita ser aceptado moralmente.
Más allá de la condición del ser corrupto, para lograr cumplir el proceso completo de lo que podríamos llamar "crecimiento ético", ineludiblemente requerimos de "mentiras" (verdades supuestas). Y ésta es la mayor dificultad a la que nos enfrentamos. Bajo el supuesto de que toda toma de conciencia involucra el tiempo de la simulación necesaria que media la inmediatez de la vida.
Así, la conciencia, en tanto estructura-funcional, le permite al individuo mediar su ser otro a través de su limitado lenguaje. Palabra y letra, irreductiblemente atrapadas en la fantasía y la imaginación, son referente obligado para expresar, para reflexionar sobre nosotros mismos y para decidir qué hacer, cómo hacerlo, valorar opciones hipotéticas e incluso lamentarnos ante el fracaso de lo que nunca fue, pero que parecía que podía ser o queríamos que fuera. Para desear. Doler la pérdida de algo que no tuvimos. Tramar el engaño.
Pensar nos permite robar por minutos una parte de la vida, especular y crear otras formas de vida. En este sentido, la mentira es nuestra identidad, sucumbir ante la nada: nuestra peculiaridad. Esto no implica que la corrupción es la única salida, por el contrario, implica que en el prolongado vacío de la mente radica la posibilidad de ser éticos, así como la radical responsabilidad sobre nuestra voluntad. Aprender a actuar con verdad.
Dicho de otro modo, y para concluir, el acto de conciencia es un fenómeno plástico cuya particularidad es la de ser capaz de volverse otro. En el vacío de la mente, la existencia se suspende por instantes y pensamos. Pensar la nada es probablemente algo que sólo los seres humanos podemos hacer. Y en este espacio, las más bellas cosas pueden ocurrir, por ejemplo, la gestación de un nuevo paradigma existencial, pleno, consecuente con las necesidades de una vida feliz y facilitador del trabajo de vivir con uno mismo, junto con quienes viven consigo mismos, en concordia y concordancia con el orden de lo común. Con astucia y sin engaño.

Y tú... ¿eliges la moral o la ética?

Salud porque se cumpla el día en que 
los derechos humanos sean una realidad eterna.

Fuerte abrazo de tortuga en el 
Día Internacional de los Derechos Humanos.


viernes, 28 de noviembre de 2014

voluntad de crecer...México más allá de las elecciones del 2015

Ayer escuchamos el anuncio presidencial de las medidas que se implementarán para dar una respuesta efectiva a los acontecimientos críticos que han estremecido nuestra vida nacional. Frente a serios cuestionamientos, la opinión pública ha puesto en jaque el mandato de Peña Nieto. La sociedad civil organizada, con profunda desconfianza, pide justicia y expresa hartazgo ante las décadas de impunidad y corrupción que empoderan e incentivan la organización al margen de la ley de una parte importante de nuestra población. Fuera o dentro de las instituciones. Y todos decimos YA BASTA a los abusos del poder. Y aunque las exigencias para con el ejecutivo se acrecientan cada día, así como, su voluntad de encontrar mejores soluciones también se muestra, México sigue sin ser un espacio de paz.

La coyuntura electoral no ayuda para dar vigor a las alternativas viables, específicas y con vistas a resultados tangibles que presentó ayer nuestro Presidente. Cada grupo de poder necesita tener para sí discursos que legitimen su existencia y, de un modo o de otro, ninguno está dispuesto a perder su tajada, aún cuando urgen las soluciones, la conciliación y el apoyo de todos nosotros para lograr juntos un mejor futuro. En lo cual coincido, sin vacilación, con Enrique Peña Nieto.

Su discurso político es impecable, su conciencia de los caminos de la ley, y su compromiso con ellos, se trasluce irrenunciable. Pero en vez de despertar confianza, en las redes sociales se afianzan los ataques despóticos, las exigencias voraces y la incapacidad de reconocer nada bueno en su trabajo. Lo cual debilita la voz de la sociedad civil para acompañar los procesos encauzados y renovados, las mejoras, las nuevas propuestas. Y hace que el mandato constitucional en materia de derechos humanos no alcance para comprender que tenemos un timón privilegiado para lograr hacerlo realidad y marcar precedentes históricos, no solo para nuestro país, sino, también, para otros países.

Creo que se empequeñecen las causas, al no reconocer sus triunfos, crecer y aprender a pensar fuera de la resistencia, saberse parte constructiva sin necesidad de golpeteo mediático alguno, sin medidas de fuerza, sin discursos intransigentes, y hacer propias las batallas ganadas de todos en la voz del primer mandatario. 

Realmente es frustrante. No solo es fundamental la justicia para las víctimas y hacer cumplir la palabra empeñada por el gobierno de la República. Es invaluable y admirable el trabajo de los defensores de derechos humanos para dar voz a quienes más la necesitan, ante los abusos y la vulnerabilidad en que están frente a un Estado que no es aún democrático y garante a cabalidad. Pero la prevención y las reflexiones para la instrumentación de políticas públicas que logren no solo prevenir y erradicar las violaciones a los derechos humanos, sino que logren también construir, desde nuestros cimientos culturales, cotidianos e institucionales, todo un nuevo modelo de vida, en concordancia, es ahora, nuestro primordial reto. E inmortalizar al Estado como nuestro enemigo es tan nocivo como criminalizar a la ciudadanía.

Creo que la debilidad mayor de las propuestas de ayer es lo que refiere a la concreción de las políticas públicas. De lo cual adolecen todos los partidos y también los esfuerzos por parte de los expertos en materia de derechos humanos se han quedado cortos. Se confunde una ley con una política pública y no dan cabida a quienes nos especializamos en el diseño, implementación y evaluación de políticas públicas para llevar a cabo tal labor. Así que no se le puede reclamar al Presidente, ir paso a paso, en un camino que nadie más ha sabido tampoco recorrer. En vez de descubrir una oportunidad privilegiada para instaurar verdaderas políticas públicas. Sin embargo, el ejecutivo tiene claro sus responsabilidades y sus medidas dan cuenta de la claridad de su plan de ejecución. Atajar causas estructurales, proveer el marco jurídico, asumir su liderazgo sin mezquindades y sin mirar atrás, sino con vista hacia adelante. Solidarizarse con el dolor de todos y legitimar con profunda seriedad los reclamos a los cuales ha prestado escucha y respuesta. 

No es un asunto de agendas políticas, ni de opinión pública, ni de luchas empoderadas, ni de oportunidad mediática, es un tema de fondo el cual nos compete a todos resolver. Ojalá la defensa de los derechos humanos descubra que en el gobierno de la República tiene un aliado y no un enemigo opresor, pues esto no ocurre todos los días. Y tan ocupados de reinvindicar el pasado perdido, logren reflexionar tardíamente que quizá hoy, aquí y ahora, es el tiempo de construir los sueños que nos hermanan humanamente. Pues estamos desaprovechando la gran ventaja comparativa de contar con el primero constitucional para fincar transformaciones profundas, actuando como si siguiéramos viviendo 30 años atrás. 

Seamos más generosos y reconozcamos que todos somos igualmente mexicanos.

Y para sentir el espíritu de fin de año, en el cual encontré eco sordo para llenar de magia esta navidad y brindar a la luz de una vela por un feliz 2015... los dejo con Ismael Serrano y Luis Eduardo Aute, quienes siguen logrando hacer brotar mis lágrimas y conmover mi corazón al descubrir cuán lejos seguimos de aquel sueño de nuestros padres (pues nos hemos conformado con el romanticismo de una lucha sin fin) y cuán imposible sigue siendo... la belleza como parte de nuestro ethos (pues nos hemos conformado con apreciar la vida en su necesidad y renunciamos su plenitud).






Queridas tortugas, el doctorado apremia, ahora sí... casi lista mi tesis, y el desempleo de dos años se suma al desamparo de la colectividad, así que es mi tiempo de concluir estos días de encierro y ausentarme hasta entonces. Brindo porque las palabras de Enrique Peña Nieto se vuelvan dignas de confianza con hechos, deseo para México un despertar de paz, reconciliación y justicia, así como atesoro para mí la realización de un empleo digno en el cual pueda dar todo mi corazón para construir los sueños en que todos convergemos. Gracias.


Y tú... ¿estás triste esta navidad?


Un abrazo infinito...
con magia de tortuga.



martes, 25 de noviembre de 2014

entre la furia y la desilusión...abusos de la fuerza pública el 20 de noviembre.

¿Y dónde estaban los observadores de la CNDH y de la CDHDF? ¿Se fueron temprano a dormir...? ¿Por qué no tomaron las medidas pertinentes, a sabiendas de que se esperaban conatos de violencia? Sin duda, brillaron por su ausencia y ahora sí... acompañan a las víctimas y capitalizan la desagracia para rendir cuentas de su trabajo mal cumplido. ¿Por qué en otras manifestaciones, durante los 12 años de panismo, sí se logró encauzar sin violencia las voces pacíficas de la ciudadanía? Esto no debió haber pasado. Ambos titulares deberán tomarse con más seriedad tales operativos de protección y satisfacer las garantías bajo su mandato. Auxiliarse de los mismos cuerpos de seguridad, mediante el diálogo y el acuerdo previo, pedir observadores extranjeros, echar mano de las organizaciones de la sociedad civil defensoras de derechos humanos y garantizar para ellos la seguridad con la que cuentan los funcionarios a su cargo, como observadores imparciales y garantes del ejercicio de las libertades, sin violencia. No ser impávidos ante actos que deben poder evitar, con su sola presencia. En este caso, la mayor responsabilidad recae sobre ustedes. ¿No tienen recursos suficientes? ¿No tienen personal suficiente? ¿No tienen estrategias en materia de protección de derechos humanos? Incurrieron en una falta constitucional. E hicieron caso omiso de sus facultades.

¡Con qué falta de precaución se instrumentó el operativo de seguridad a cargo de la policía federal y de la policía auxiliar del Distrito Federal! ¿El acuerdo de colaboración entre Mancera y Peña Nieto se basa en impunidad para golpear?

¿Acaso Miguel Ángel Mancera no ha comprendido aún que debe ser firme en garantizar el uso racional de la fuerza pública y con pleno respeto de los derechos humanos? ¿por qué volver a permitir que se saliera de control la situación? ¿no fue suficiente la experiencia del primero de diciembre del 2012 en que la policía, a su cargo 24 horas antes, arremetió ferozmente contra jóvenes inocentes? ¿no fue suficiente muestra de la ineficacia de la fuerza, el fracaso del operativo implementado en ciudad universitaria? Es falso que no se conocen los protocolos de actuación. Basta consultar los documentos que validan los centenares de cursos de capacitación que ha recibido la policía del Distrito Federal, datos que se entregan como cumplimiento y rendición de cuentas de la instrumentación del Programa de Derechos Humanos del Distrito Federal y de las Recomendaciones de la CDHDF cumplidas a medias. Ya se hizo una Audiencia Pública, hay un informe sobre las exigencias en materia de derechos humanos para los cuerpos de seguridad del gobierno del Distrito Federal, hecho por la CDHDF hace más de tres años, que incluye derechos que deben también garantizarse para la policía. Mancera debe ahora rendir cuentas al respecto y dejar de seguir navegando silencioso y sin responsabilidad alguna, mientras sus omisiones y negligencias facilitan los escenarios violentos que hemos tenido que presenciar y ante los cuales él se satisface con total impunidad, a la par que daña la vida política de nuestro país.

No es posible que esto se vuelva a repetir. O quizá, tendremos que suponer que hay colusión entre funcionarios públicos para sabotear y acallar las manifestaciones libres de la sociedad civil. Es vergonzoso que caminemos para atrás, en vez de avanzar en el camino hacia el ejercicio de nuestros derechos y libertades.


Y tú... ¿cómo censuras los abusos del poder?


Feliz día de la erradicación de la violencia contra la mujer...
con magia de tortuga.

jueves, 20 de noviembre de 2014

juicios y prejuicios...

Al conmemorar el aniversario de la revolución mexicana, el día de la Filosofía, la declaración universal de los derechos de niñas y niños, en México, hoy, se ha hecho un llamado masivo para expresar la suma de indignaciones que ponen en tela de juicio el buen curso de nuestras instituciones. Sin excusa, es importante que tales actos de viva democracia tomen cauce a través de las distintas vías de la paz y en pleno respeto de nuestras leyes. Porque las injusticias deben encararse sin violencia.

No coincido con quienes quieren hacer del acontecer nacional un botín de inconformidades, odios y nuevas injusticias. Desconfío profundamente de los discursos, orquestados desde el primero de diciembre de 2012, que anhelan ver sus expectativas cumplidas, ver sucumbir a nuestro presidente y contar con la certeza de que serán actos autoritarios y de exterminio los que rijan este sexenio. Estoy convencida de que el Estado se ha fortalecido por los caminos de la paz y de la ley. Y que, quienes insisten en ver todo desde la oscuridad, solo hacen eco de sus prejuicios aprehendidos y se niegan a mirar bajo la lupa otras acciones importantes en marcha (gracias a la voluntad efectiva de quienes componen nuestra clase política).

Hemos visto repetirse esta historia una y otra vez. La voz de protesta nace con un acto legítimo y poco a poco transmuta en una suerte de neurosis colectiva que nos impide ver el lado constructivo de las cosas. Una prueba de fuerzas y un arrebato de amenazas contra el orden púbico y contra las autoridades, como si quienes salen a las calles gozaran de otros derechos que el resto de la población. Admiro y apoyo las movilizaciones en aras de la construcción de un mejor país para todos nosotros. Pero me desapego de quienes creen que la violencia es una vía para tales fines. Con más determinación de quienes concentran la fuerza de su lucha en la oposición rotunda y fanática, sin miramiento alguno a alcanzar soluciones satisfactorias, porque de antemano han descalificado a todos sus interlocutores.

Aplaudo que el presidente y la primera dama hayan tomado acciones para dar razón de sus propiedades. Creo que era innecesario frases como "yo no lo voy a permitir" o personalizar en demasía estos ataques, como si no estuviera en juego la credibilidad misma del Gobierno de la República. Como tampoco era necesario hacer énfasis en que la ley no los obliga, pues cuando se trata de fortalecer el Estado Democrático, vale la pena ir más allá de los mínimos que nos exige la ley y dar todo de nosotros con verdadera vocación republicana. Pero el hecho es que, más allá de algunas formas que pueden no ser de nuestra predilección, nuestra voz ha sido escuchada, respondida. El contrato en el que hubo señalamientos de conflicto de interés ha sido ya revocado. Y la casa en cuestión ha sido puesta en venta, lo cual no es una decisión menor. Y es una señal valiente de compromiso y voluntad de conciliación entre intereses particulares y el interés público. Habemos quienes podemos preferir un estilo austero para el ejercicio de la política y abonamos acciones en esa dirección. Pero en México no es un delito ser rico. Sí es ética y políticamente reprochable que el reflejo de nuestras desigualdades se haga evidente, precisamente, en manos de quienes están a cargo de nuestro proyecto de país. Pero de facto ninguna de nuestras garantías está directamente afectada en el enriquecimiento lícito de nuestros ciudadanos. 

Lo que sí atenta contra nuestras garantías es la corrupción y el enriquecimiento ilícito. Ambos, delitos que deben perseguirse por las vías de la ley, con pruebas y bajo el escrutinio de jueces calificados. No bajo la forma del amarillismo ni de la pancarta irreflexiva, como si se tratase de una cacería de personas a las cuales se quiere aniquilar. Tampoco es justo desarticular todo el discurso del Estado y apostar a su fractura sistemática. Tomar como pretexto errores humanos individuales para derrocar instituciones a diestra y siniestra. Deleitarse con la vergüenza pública desmedida y fomentar la desconfianza y el desprestigio de todo lo que nos sustenta. Pues, queramos o no, somos un país en vías de reconstrucción, estamos enteros para dar frente a las adversidades y debemos ser generosos en aras de fortalecernos y no, con mezquindad, acrecentar nuestras debilidades.

Es más importante reflexionar sobre las desigualdades, cuestionar el enriquecimiento ilimitado a costa de la miseria masificada. No en vano contamos entre nosotros con el hombre más rico del mundo. Pensar en conjunto con miras a remodelar nuestros imaginarios del poder y aprender a vivir en concordancia con la realidad nacional. Pero, insisto, el problema no es que unos sean más ricos que otros, que algunos sean muy muy ricos, que nuestro presidente atesore un patrimonio envidiable, el grave problema que enfrentamos como país es que convivamos con la miseria, que millones de mexicanas y mexicanos no puedan acceder a esta misma riqueza. La pobreza y la desigualdad son las motivaciones comunes a las que debemos orientar nuestros esfuerzos y sumar voluntades, en vez de restar con odio, al compromiso obligado de ser un país rico en todos los sentidos y de que nuestra población sea también próspera y abundante en sus garantías de enriquecimiento lícito.

Aplaudo la firmeza y determinación de Enrique Peña Nieto para ver crecer en México los frutos de la paz. Y confío en que, a pesar de las tempestades que lo amenazan, del clamor de odio que ejerce presiones perversas para que nos muestre una cara autoritaria, él sabrá actuar con responsabilidad, entereza, honestidad y compromiso. Y sé, privilegiará el diálogo y sumará voces que, así como hoy piden justicia, mañana reconozcan que sí contamos con un proyecto de Nación y que claro que vale la pena luchar juntos por él. El debe saber que no está solo y que México verá renacer una época de total florecimiento, gracias al esfuerzo de muchos, de todos y gracias a la valentía de su labor. Gracias.

En lo personal vivo al ritmo de los tiempos, mi cuerpo se conmueve al ritmo del clima y no hay nada que me sea indiferente. Soy sensible en demasía. Incluso mis afectos me repelan por no aprender a callar el signo de mi piel que ante todo se transmuta. El desconsuelo de los últimos años me ha hecho preguntarme si es aquí donde quiero fincar las raíces de mi vida y he estado tentada de partir, en más de una ocasión. Pero, en definitiva, decidí quedarme. Porque tenemos mucho trabajo por hacer. Y porque quiero contribuir a que todo lo bueno que podamos hacer se vuelva realidad. La esperanza renacida, que despierta en mí escuchar a las figuras públicas que tienen a su cargo la gran responsabilidad del bien común, es para mí un indicador de que conciliar nuestras diferencias es una tarea irrenunciable y que reconocernos unos a otros virtudes es un ejercicio de vida democrática que no deberíamos desdeñar. No renunciemos a crecer y construir una historia al margen de la violencia. No nos conformemos con señalar culpables. Asumamos el reto de creer que es cierto que el orden de lo público nos pertenece y que podemos depositar en él los caminos de la paz y del crecimiento económico. Sumemos. Pues la historia nunca está escrita y regresar, una y otra vez, a los escenarios del pasado, solo nos priva de la posibilidad de hacer una nueva historia. Convirtámonos todos en el Estado que anhelamos y reconozcamos en nuestras instituciones la valía de su trabajo.


Y tú... ¿por qué odias a Enrique Peña Nieto?



Reciban un aliento de tortuga...
Feliz día de la Filosofía!!


domingo, 16 de noviembre de 2014

domingo de sol...

A al luz de un lindo sol trato de deliberar sobre la libertad. Es un concepto que se nos escapa de las manos. Remite a una experiencia vital y, como tal, carente de una definición acabada. En tanto, el dato significativo de la libertad remite a nuestra posibilidad inacabada de ser. Y al mismo tiempo, es una condición determinante de nuestro ser, a la cual no podemos renunciar. La libertad, a lo largo de la historia de la filosofía, se debate entre el determinismo y el indeterminismo... en sus aplicaciones prácticas como un abanico de posibilidades frente al cual añoramos tener alguna forma de control. Y quizá son nuestras decisiones, lo único que la ponen en evidencia. Incluso cuando nos sentimos indecisos, vacilantes... nuestra libertad nos regala un momento de duda, en el cual, sin certezas, nos permitimos dubitar sobre nuestro rumbo para alcanzar la plenitud de nuestras decisiones libres. La suma de actos libres traman un destino al cual, llega un punto, en que tampoco parecemos renunciar con la misma libertad con que fue elegido... e incluso, entonces, podemos volver a girar la rueda de nuestra fortuna y trazar un nueva ruta para los días por venir. Quizá en este momento de pausa, en que miramos hacia el pasado y reflexionamos sobre nuestro presente, en aras de lograr ser de un modo feliz en el futuro, es cuando somos libres, gracias a la pauta de nuestro pensamiento y a las virtudes de nuestra autoconciencia.

Las decisiones de amor son, sin duda, las más libres... Y ante el desamor... la libre convicción de partir y empezar a soñar con un nuevo amor. Pues, solo cuando hacemos nuestra la decisión de alejarnos de un amor que nos arraiga tristezas y violencias, sin miramientos a las buenas razones de nuestro actuar, sin resentimiento a las malas acciones que han roto tal amor, sin dejar de reprocharnos a nosotros mismos no poder haber previsto tales daños ni haber hecho lo correcto para evitarlos, solo cuando la decisión es simplemente un acto libre, podemos decir se acabó y encarar un nuevo futuro. Y en ese desprendimiento de la ruptura amorosa, dejarnos volar hacia todo lo que habíamos olvidado de nosotros mismos.

Y por dura que sea una separación libremente elegida, confieso que la verdadera tristeza llega cuando, al fin, volvemos a vernos a través de otros ojos, imaginarnos en otros brazos, ilusionarnos con nuevas presencias. Entonces, sabemos, que ya no hay más amor en aquel sueño al cual entregaste la vida entera y que, en su lugar, habita un nuevo vacío. Abismo que no guarda un solo espacio para quien antes fuera el único aliento de nuestra alma. Parece algo imposible. Pero cuando alguien lastima aquello que más valoramos, lastima nuestro querernos a nosotros mismos, lastima nuestra alma, no encuentra nunca más cobijo dentro de nuestros corazones, aún a pesar nuestro. Incluso una madre puede renunciar a su amor de madre ante tales agravios. Sin necesidad de rencor ni perdón.

Porque, una vez que nos perdonamos a nosotros mismos, ya no tiene sentido hablar de otro perdón. Precisamente, hemos renunciado a nuestro interlocutor. Y ya no se trata de lo que sentimos por alguien más, se trata de lo que uno quiere. Y perdonar se vuelve una ficción, pues tal persona no es más quien algún día fue y nada de lo que nos signifique tiene algo que ver con quien en realidad es. Ya nos hemos independizado por completo, el daño ha sido enmendado... todo ha quedado atrás. Dando espacio para todo lo que vendrá por delante y para la nueva persona que sembrará verdadero amor en nuestro corazón. Una vez que éste está libre, incluso de sí mismo. Sin asignaturas pendientes. Sin nada más por aclarar, pues todo fue ya desvelado. Sin nostalgia. Solo la leve tristeza, tras una batalla cruel por reconstruir esa persona que somos sin referente amoroso alguno. Inquietud por descubrir quién llenará de nuevo tales vacíos. Esperanza de que la próxima vez nuestras libertades, al encontrarse, crezcan y se amen con respeto y con la certeza de que nunca más alguien podrá disminuirnos con tal impunidad.

Y con magia de tortuga... empezar a tejer la libre posibilidad de amar en un nuevo tiempo.


Y tú... ¿has elegido partir?



Feliz domingo...
queridas tortuga.






viernes, 14 de noviembre de 2014

Al pasar de los días...

A la par que nuestro país urge por justicia y tratamos de aprender a construir los caminos de la paz, se pone en evidencia cuánto trabajo nos falta por andar. Contamos con un nuevo ombudsman, lo cual es una buena noticia. Tanto por la necesidad de una nueva etapa para que la Comisión Nacional de Derechos Humanos de cuenta de su mandato, sin negligencia ni intereses ajenos a la materia de derechos humanos. Así como, por la labor del Senado de la República para cumplir en tiempo y forma con tal designación. Es digno de mención que se haya logrado avanzar con tal propósito, a pesar de la fuerte pugna de intereses involucrados en la disputa por un organismo autónomo que cuenta con un presupuesto privilegiado y juega un papel fundamental en el equilibrio de poderes. Al mismo tiempo, si bien Luis Raúl González Pérez, cuenta con el perfil apto para tales propósitos, aún está por verse si logra llevar a cabo su responsabilidad con la excelencia que se requiere y sin favorecer los intereses de los grupos que lo sustentan. Si lo logra, sería, no solo una buena noticia, también, implicaría que estamos avanzando con hechos congruentes y contundentes hacia el camino de construir un México de garantías y sin impunidad.

Al mismo tiempo, recibimos la visita atinada de Ariel Dulitzki, miembro del Grupo de Trabajo de Desapariciones Forzadas de la ONU. Quien, sin dejar de señalar los errores en los que las autoridades incurrieron para atender con mayor celeridad, y total cumplimiento de los estándares internacionales, el caso de Iguala, señaló que dentro de lo que se está haciendo puede haber señales valiosas de que el Estado podrá dirigirse a la altura de tales estándares, a partir de lo recorrido hasta aquí. Preocupa que el Gobierno Federal se conforme con lo que cree pudo hacer, sin miramiento profundo a comprender que puede hacer más y que su voluntad por acrecentar su cultura de cabal respeto de los derechos humanos debe ir más allá de sus propias expectativas. Para lo cual es bueno que cuente con el equipo atinado, porque, al parecer, los funcionarios responsables de la materia de derechos humanos no son el mejor recurso con que cuenta Enrique Peña Nieto, tampoco brinda certezas a Miguel Angel Osorio Chong ni fortalece los trabajos de Jesús Murillo Karam. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos cumplirá un papel fundamental, a partir de su acompañamiento técnico. Y esperamos que Naciones Unidas cumpla un rol activo y persistente en este proceso, más allá del caso de Iguala. Sin embargo, es el ejecutivo quien debe garantizar que los hechos recientes, sin ser aislados, sí serán un punto de inflexión para revertir las violaciones sistemáticas a los derechos humanos en nuestro país. Estaremos atentos para que, sin autocomplacencias, se logre revertir la impunidad crónica que existe en México.

No puedo dejar de mencionar, con profunda tristeza, que Carmen Aristegui está jugando un papel poco digno en su desesperada búsqueda por crucificar al Gobierno Federal y sin muestras de que está comprometida con construir un México de paz. Aun cuando, los aciertos y la tenacidad de su labor periodística es fundamental para la fortaleza política y democrática de nuestro país. Quizá ella también debería mirar dentro de sí con la misma sagacidad con que mira a quienes no son de su beneplácito. Y, si bien, decir con justicia los errores, las carencias, abusos e incapacidades. Dar espacio también para mencionar aciertos y reconocer acciones virtuosas. Pues sería lamentable para México que su parcialidad redunde en una mengua de su credibilidad. Ganada con legítimo esfuerzo y compromiso. 


Y tú... ¿cómo acompañas el pasar de los días en nuestro acontecer nacional?




Un abrazo... 
y que la magia de tortuga 
logre nuestra reconciliación.